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Análisis

Gabriela Game, que fue madre con 15 años, vive en un piso de la Associació Benestar i Desenvolupament (ABD) en la Zona Franca con su actual pareja.

FERRAN NADEU

Embarazos adolescentes y hombres ausentes

Xavier Martínez-Celorrio

Tras una madre menor de edad, se esconden patrones culturales machistas

En el 2015 la media de edad de las madres primerizas en Europa era de 29 años. Cada vez se alarga más a causa de la precariedad salarial de las parejas, los altos costes económicos de la crianza y las escasas ayudas a la infancia. Contra esa norma convencional de retrasar la edad de maternidad, despunta el problema de los embarazos adolescentes. Un problema agravado en España puesto que la tasa de fecundidad entre las chicas menores de 19 años es la misma ahora que en 1997. Se trata de un problema con causas estructurales como problema público que es. Esta es la dificultad: verlo como un asunto individual y privado en lugar deun desafío preventivo y un desafío para la igualdad de oportunidades de las niñas-madres y sus hijos.

Los expertos coinciden en aislar tres causas recurrentes: a) condiciones de privación socio-económica; b) pertenencia a familias desestructuradas y c) bajo nivel educativo de la adolescente y su familia. También sabemos que existe mayor riesgo de maternidad adolescente en los países con alta desigualdad social como Estados Unidos y Gran Bretaña respecto a estados más igualitarios y con más cohesión social como Suecia o Nueva Zelanda, según reporta Kate Pickett. 
 

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Entre las 1.069 madres catalanas menores de 19 años, el 40% eran inmigrantes. En cambio, la tasa de madres inmigrantes sobre el total de los 68.974 nacimientos del 2016 fue del 26%. A primera vista se puede poner el acento en la vulnerabilidad social y educativa que hace limitar el acceso a la educación sexual y los contraceptivos de esas chicas. Pero este tipo de explicaciones siempre dejan de lado la figura más determinante: la figura del varón que embaraza adolescentes y luego no ejerce de padre. 

Una investigación de Alessandro Gentile sobre el tema destaca que el padre biológico del 10% de los partos adolescentes eran hombres mayores de 30 años que se desentienden de su responsabilidad. El padre ausente simboliza bien cómo la dominación sexual masculina sigue quedando impune mientras la moral social recrimina y censura a la adolescente. Si son inmigrantes se añade el prejuicio racista olvidando su pobreza y vulnerabilidad. 

La maternidad adolescente esconde el problema más amplio de los embarazos adolescentes. En el 2016, el 64% de los embarazos de menores de 19 años fueron interrumpidos voluntariamente en Catalunya. Con la ley del aborto del PP se ha restringido algo su acceso pero siguen siendo las adolescentes de clase media las que más la usan para evitar la maternidad. Tan solo vemos adolescentes pobres que deciden tener la criatura, muchas de ellas madres coraje con la ayuda de entidades sociales. 

Pero el iceberg es más profundo y tiene que ver con el poder sexual masculino, el refuerzo de patrones culturales machistas y el mito romántico de subordinación femenina. Es un fenómeno más transversal e interclasista de lo que parece. Chicas que complacen a varones con sexo sin protección, que son engañadas y utilizadas para el placer masculino bajo promesas de amor y compromiso. Dominación masculina sin ataduras en una sociedad que es inclemente con la mujer y las niñas. 

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