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EDITORIAL

Embarazos de menores

La administración debe incrementar los esfuerzos para que las madres adolescentes puedan optar a un futuro mejor

La educadora social de la asociación Salut i Família, Griselda Paredes, que apoya a madres adolescentes como Anahí Castillo o Soraida Araníbar.

La educadora social de la asociación Salut i Família, Griselda Paredes, que apoya a madres adolescentes como Anahí Castillo o Soraida Araníbar. / RICARD FADRIQUE

La problemática de la maternidad juvenil precoz, que afecta especialmente a jóvenes entre 14 y 17 años pero que también se refiere a menores de 13 en algunos casos, representa un porcentaje ínfimo en relación al total de nacimientos pero deja traslucir una realidad preocupante que –en cada circunstancia personal de las 300 jóvenes que fueron madres adolescentes en el 2016, según los datos de Salut– significa un trauma. La cifra se mantiene más o menos estable y este es un dato que preocupa a las autoridades sanitarias. A pesar de las iniciativas que llevan a cabo organismos oficiales como Atenció a la Salut Sexual i Reproductiva del ICS y de programas como Salut i Escola, con 7.000 actividades en centros educativos, lo cierto es que la falta de recursos es un lastre que repercute de manera específica en una parte de la ciudadanía, la que tiene menos recursos, que no puede acceder, por ejemplo, a métodos anticonceptivos que evitarían embarazos en una edad tan temprana.

En este asunto conviene distinguir tres etapas. La de prevención, la de seguimiento durante el embarazo y la de ayuda después del nacimiento. En las tres se dan distintas circunstancias, una de las cuales es la práctica desaparición del padre, la dejación de responsabilidad en un tema que, por supuesto, también les atañe. De las visitas atendidas en centros sanitarios en Barcelona en el 2017, el 93% fueron de chicas. Este dato indica la falta de compromiso masculino y la vigencia de un machismo ancestral. 

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Otro dato a tener muy en cuenta es que el 44,5% de las menores de edad embarazadas son inmigrantes, un porcentaje que en términos reales se acrecienta porque hablamos de un grupo reducido de población en relación al total. Las distintas coordenadas culturales (como en el caso de la etnia gitana) pueden matizar las consecuencias, pero muchas de las afectadas ven como se truncan de raíz sus expectativas vitales, sin olvidar que el entorno en el que viven se muestra a menudo hostil. Organismos oficiales y oenegés se esfuerzan tanto en la parte asistencial como en la voluntad de proporcionar espacios de sociabilidad para las madres que les sirvan de apoyo emocional y de recuperación de su autoestima en una edad crítica. Pero son necesarios muchos más esfuerzos para que estas jóvenes puedan diseñar razonables expectativas de futuro.

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