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A propósito del Wigan - City

Axel Torres

La derrota del equipo de Guardiola frustró un póquer de títulos que nadie ha conseguido jamás en Inglaterra

La derrota del Manchester City en Wigan el pasado lunes tuvo una repercusión mediática extraordinaria si tenemos en cuenta que se trataba de un partido de octavos de final de un torneo copero nacional. El tumulto en los banquillos y la invasión de campo tuvieron mucho que ver con ese altavoz amplificado que propagó la noticia lejos de las las islas británicas. Y, sin embargo, hay un par de razones más 'domésticas' que explican por qué en Inglaterra ese partido alcanzó tamaña notoriedad.

La primera se refiere a los antecedentes. Era la tercera vez consecutiva que el Wigan eliminaba al City en la FA Cup. Y todas ellas fueron muy sonadas. La primera, la más famosa, le valió al equipo pequeño el único título de su historia. Fue en la final de 2013, con Roberto Martínez en el banquillo de los 'latics' -virtualmente descendidos- y Mancini en el 'citizen' –fue destituido tras la derrota. Un año después, en el Etihad y en cuartos de final, un City que acabaría ganando la Premier en la temporada del debut de Pellegrini era apeado de nuevo por el Wigan, que perseguía el regreso a la máxima categoría bajo el mando del alemán Uwe Rösler.

Este lunes, otra vuelta de tuerca más: el City de Guardiola, el líder más dominante de la era Premier, caía frente al Wigan de Paul Cook, ahora en Tercera División. Siempre con entrenadores distintos, cada vez más diferencia de nivel… y siempre gana el Wigan. Conviene añadirle al cuento de hadas una perspectiva geográfica y social: Wigan es una ciudad obrera ubicada a escasos kilómetros de Manchester, casi un producto de la revolución industrial de la metrópolis.

Un torneo muy popular

La segunda razón tiene que ver con las enormes expectativas que el periodismo inglés estaba construyendo alrededor del City. Llevaba tantas semanas hablando del 'quadruple' (el póquer de títulos), que la derrota en Wigan se vendió no solo como una simple eliminación, sino como el fin del sueño de alcanzar en una misma temporada la Premier League, la FA Cup, la Copa de la Liga y la Champions. Nadie en toda la historia del fútbol inglés ha logrado nada similar, pero a base de leerlo, la Inglaterra futbolística llegó a pensar que era posible.

La primera vez que cualquier entrenador extranjero cae eliminado en la FA Cup ante un adversario menor se le suele reprochar su desconocimiento del simbolismo que tiene el torneo en la cultura popular inglesa y se aprovecha cualquier cambio en la alineación para interpretar que menospreció al adversario y a la propia competición.

En este caso, la crítica le afeó que dejara en el banquillo a De Bruyne y que sólo lo usara en la última media hora. El belga está siendo probablemente el mejor jugador de la Premier esta temporada, pero desde luego su importancia en el equipo no se puede comparar con la que tiene Messi en el Barcelona. No hay, ni de lejos, la misma diferencia con el segundo mejor jugador del equipo, y un ataque formado por David Silva, Gündogan, Sané, Bernardo Silva y Agüero no parece exactamente una línea ofensiva debilitada.

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