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Peccata minuta

La pared en blanco de la galería de Helga de Alvear, tras retiral la instalción de Santiago Sierra Presos políticos y la España contemporánea, en primer plano, una reproducción de una de las imágenes de presos políticos que incluía la pieza. 

JOSÉ LUIS ROCA

No vamos bien

Joan Ollé

La judicatura se ha contagiado de las recientes regresiones democráticas habidas en España. Sí, algunos jueces han perdido el juicio

ARCO es acrónimo de Arte Contemporáneo y también la feria internacional que se celebra anualmente en Madrid para mostrar al mundo aquello que el director del certamen y las galerías de arte consideran lo último en expresión plástica española. La cosa es que Ifema -poco más que un recinto para acoger eventos, previo pago a tanto el metro cuadrado-  se ha permitido recomendar a la galerista Helga de Alvear que retire una obra de Santiago Sierra -quien rechazó en el 2010 el Premio Nacional de Artes Plásticas "porque él es un artista serio"- en la que aparecen, desdibujados como el rostro de Cristo en el trapo de la Magdalena, las radiografías pixeladas de Junqueras, 'los Jordis' y otros malhechores contemporáneos.

Ignoramos por qué la galerista se avino a retirar la obra sin rechistar, máxime contando con el apoyo del director de Arco y, a posteriori, con el mea culpa de Ifema y del mismísimo ministro de cultura: "“Esto no volverá a pasar". Tampoco no acaba de entenderse que "si esto no volverá a pasar", la obra no haya sido inmediatamente recolgada en la pared vacía.

Tal vez el escándalo consista en el título 'Presos políticos en la España contemporánea', cuando, visto lo visto, habitamos un país más antiguo que la tos que cabalga al galope hacia su ayer, al más oscuro de sus ayeres. Y una España no contemporánea de sí misma no puede presumir de un arte que aspire a ser crónica del hoy ni anuncio del mañana.

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En la literatura y la música, tres cuartos de lo mismo: si quieren enterarse de que en los años 90, el 80% de la cocaína consumida en Europa entraba, entre gaitas y centollos, por la costa gallega, corran a leer el documentadísimo 'Fariña: Historia e indiscreción del narcotráfico en Galicia', de Nacho Carretero Pou. El problema es que para hacerse con un ejemplar tendrá que acudir a su camello de confianza, porque un señor magistrado lo ha ordenado secuestrar; esta crónica de lo que pasó y sigue pasando en Galicia es ahora tan ilegal como el polvillo blanco. Han decomisado la verdad.

El Tribunal Supremo ha condenado a tres años y medio de prisión al rapero mallorquín Josep Miquel Arenas, alias Valtonyc,  por haber escrito y cantado muy duras canciones en las que habla, con nulo respeto, de lo que les haría a determinados personajes del mundo y el país. Tras conocer el fallo, Valtonyc ha rapeado, muy fiel a su estilo: "Si lo llego a saber, por el mismo precio mato a alguien". Él sabe que no, que una canción, mala o peor, no es una porra ni una pistola ni una sentencia del Supremo.

Parece ser que, a pesar estar convencida de ser un poder independiente, la judicatura se ha contagiado de las recientes regresiones democráticas habidas en España. Sí, algunos jueces han perdido el juicio. Y el resto es silencio. Vamos mal.

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