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HISTORIAS DE LA NBA

Lebron James completa una acción en el All-Star en presencia de Curry y Thompson

MIKE NELSON (EFE)

La resurrección del All-Star

Luis Mendiola

La NBA asistió este pasado fin de semana a la resurrección del Partido de las Estrellas en la edición que se vivió en el Staples Center de Los Angeles. Colocada en una encrucijada peligrosa por la falta de competitividad de las últimas ediciones, en especial de las dos últimas, donde la absoluta falta de defensa llegó a límites bochornosos (196 y 192 puntos para los equipos ganadores), la NBA ha sabido devolver el pulso a la fiesta de las estrellas.  

De alguna forma, ha tenido algo que ver el cambio de sistema, abandonando el formato de Conferencias, por uno más personalizado con los equipos de Lebron James y Stephen Curry. O el empeño del comisionado Adam Silver por acabar con esa dinámica negativa de las últimas ediciones, en las que la fiesta y el espectáculo acabaron desplazando del escenario a la competición, que antes era su principal seña de identidad.

Pero lo fundamental ha sido la cruzada personal de Lebron James, el encargado de tomar la línea de sucesión de jugadores como Magic Johnson, Michael Jordan o Kobe Bryant que siempre han demostrado el respeto por el juego. En las semanas previas no cesó en repetir el mismo mensaje: que los aficionados merecían más de lo que se les había ofrecido últimamente. Y su mensaje caló con fuerza entre el resto de las estrellas.  En palabras de Kevin Durant: "Solo queríamos cambiar la imagen del Partido de las Estrellas como una broma".

Defensa y emoción

Una escena resume mejor que nada el cambio de tendencia. La doble defensa de Lebron James y el propio Durant en la última jugada para evitar que el tiro de Stephen Curry forzara la prórroga. Por supuesto hubo lanzamientos triples inverosímiles, vuelos acrobáticos rematados con mates, pero el partido se jugó en los dos lados de la cancha. Hubo defensa, contacto físico, jugadores por el suelo, pasión y emoción en los minutos finales.    

Lebron James se alzó con el tercer título de MVP de su carrera, al acabar con 29 puntos, 10 rebotes y 8 asistencias, en la victoria de su equipo por 148-145 frente al conjunto de Stephen Curry y la gente que acudió al Staples (con el precio de algunas entradas a 2.000 dólares en taquilla) se lo pasó a lo grande, recuperando la sensación de que si las estrellas de la NBA quieren, el espectáculo está garantizado.

"La esperanza es que en próximas ediciones, sea aún mejor que esto", dijo Kyrie Irving. "El Partido de las Estrellas había comenzado a escaparse y lo tomamos como algo personal", admitió el base de los Celtics, ante la evidente pérdida de adeptos que se había producido en los últimos años.  

Por supuesto, la única manera de consolidar el partido es que en la edición del próximo año en Charlotte los jugadores mantengan la misma actitud. Para la NBA siempre ha sido fundamental la competición, la pasión, el pulso entre algunos de los mejores atletas del mundo. La irresistible seducción de los Celtics, Lakers o Bulls campeones. La de los Warriors de Curry en los recientes días.

Pero los tres días del All-Star han sido, desde finales de la década de los 80, un escaparate único para la liga estadounidense de venderse al mundo. Y visto con ojos de aficionado, como agenciarse un asiento de primera fila en una representación del Cirque du Soleil. Imaginación sin ataduras.

Temas: LeBron James

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