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EL ANÁLISIS

Asisto entre asombrada y curiosa al intento de lapidación futbolística del excapitán del Barça y guía de la mejor España

Asisto entre asombrada y curiosa al intento de lapidación del 'hereje Xavi'. Ese futbolista a quien disfruté en la selección dirigiendo con su batuta magistral y precisa, como jamás habíamos visto antes, a una orquesta de músicos superlativos que llevaron a España a levantar un campeonato del Mundo en Sudáfrica y dos Eurocopas, en Austria y Ucrania. Conviene recordarlo, porque a Xavi se le pretende ridiculizar ahora bajo acusación de intolerancia y fanatismo culé.

Desde que decidió poner rumbo a Qatar para apurar allí los últimos pases de su carrera, (como hicieran antes Hierro y Raúl) Xavi se prodiga y concede entrevistas a distintos medios. Recientemente recibió al diario “El País” y expuso allí sus argumentos futbolísticos, en los que obviamente se decanta por el fútbol que propone Guardiola y en los que no cabe el del Cholo Simeone, por ejemplo. Habló de la cultura del espacio-tiempo que se mama en la Masía pero también alabó a otros como Saúl, Silva o Banega. O las coberturas de Casemiro, que según él nunca podría hacer Busquets, junto a la fortaleza de Ramos.

Xavi creció en la Masía, debutó con Van Gaal, se planteó dejar el Barça con Rijkaard y se consagró con Pep Guardiola. Para cuando esto último sucedió, ya dirigía a la selección de Luis Aragonés, logrando una de sus mayores exhibiciones en la semifinal de la Euro frente a Rusia y dando el pase a Torres que significó el gol de la victoria final ante Alemania.

Después vino Pep. Con él en el Barça ganó 14 títulos en 4 temporadas. Y jugó al fútbol como nadie en el mundo. Al más puro estilo Cruyff. Dejando recitales memorables en la ejecución de la posesión del balón.

Cuando Xavi opina de fútbol, unos leen, otros aprenden, otros debaten... Luego, están lo que se ofenden. Perdónalos Xavi, es el dedo de Mourinho

17 temporadas en el primer equipo y 32 títulos, 4 de ellos de Champions League adornan su palmarés en el Barça, junto a los tres títulos con España. Más allá de ello, Xavi representó como futbolista una filosofía, una idea de juego, un compromiso con el Barcelona y la selección española que merece respeto, por encima de colores, forofismos o gustos. Xavi es patrimonio del fútbol. Su despedida en el Camp Nou fue memorable, a la altura de su carrera . Y sus dos Premios Príncipe de Asturias, especialmente el que recibió junto a su amigo Iker Casillas, en reconocimiento a la labor de ambos en la unión del vestuario de la selección, sitúan su dimensión como deportista. Y el respeto de un país entero.

Cuando Xavi opina de fútbol, unos leen, otros aprenden, otros se ponen de pie, otros debaten y por supuesto, hay quien no está de acuerdo. Luego están los que se ofenden. Dijo esta semana que el PSG fue superior al Madrid y que la filosofía del equipo blanco es ganar (por encima de jugar). ¡Qué osadía, qué pecado! A zurrarle. ¿Con quién ha empatado éste para opinar? ¡A la hoguera!

Perdónalos Xavi, es el dedo de Mourinho, que a unos pocos aún les sigue señalando el camino.

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