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Apunte

Forges, en el 2015, durante una visita a Barcelona.

FERRAN SENDRA

El humor de Forges era el de quien sabe y acepta que el ser humano es un desastre, un pato atolondrado, insignificante, muchas veces miserable

Nos llevó al parque de atracciones. En la entrada una señora le abordó. Le oí contestar sonriente, amable: "No soy Forges, me parezco mucho, pero no soy Forges. Se confunde mucha gente". Me desconcertó y tomé nota. Primero: mi vecino era conocido más allá de nuestra calle; segundo: el peloteo, el trato especial, la fama son evitables. O quizá mi recuerdo está incompleto y era la época en que estaba amenazado por la extrema derecha y la policía custodiaba su casa, de ahí el temor a ser identificado.

Me gustaba su estudio. El lugar de trabajo de un adulto siempre es sagrado, pero si iba a jugar a su casa con sus hijas, mis amigas, asomarse era tentador. Me admiraban los rotuladores, tantos, de todos los colores y grosores. Si un señor podía ganarse la vida con el juego del dibujo, valía la pena crecer. En realidad, me gustaba todo de la familia Fraguas. Su perra Jimena, una 'basset hound' muy seria. Severa, la señora que ayudaba en casa. El sugerente nombre del pueblo de la sierra donde iban en fin de semana, Cadalso de los Vidrios. También la casita de veraneo en uno de los valles más hermosos del interior de Alicante.

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Junto a sus hijas mayores, Irene y Berta, fui figurante en una de las películas que dirigió. Nos vistieron de negro como las señoras de pueblo de sus dibujos, pañuelos en la cabeza incluidos. Teníamos nueve, diez años y una frase: "Si se veía de venir". A él le gustaba el lenguaje. Recogía palabras y expresiones, también las inventaba porque su cabeza no paraba de asociar imágenes, ideas, de detectar el absurdo, la paradoja o la contradicción. Le recuerdo sonriente. Su sonrisa parecía decir "todo irá bien, no desistas" como su humor, agudo, pero nunca cortante, ni ácido, ni agresivo.

El humor del que sabe y acepta que el ser humano es un desastre, un pato atolondrado, insignificante, muchas veces miserable, que da vueltas sin llegar a ningún lado, y que, en su insignificancia, no puede producir más que lástima por sus errores o ternura cuando excepcionalmente atina. Todo irá bienAntonio, porque no desistiremos, pero nos costará mucho más sin tus dibujos.

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