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EL TABLERO CATALÁN

La exdiputada de la CUP Anna Gabriel, durante su entrevista en la televisión suiza RTS.

La vergüenza de España es su fracaso democrático

Sílvia Cóppulo

Para defender la unidad de España todo vale, y todo incluye la represión sin miramientos y en todos los ámbitos

Que Anna Gabriel se haya instalado en Suiza e intente empezar una nueva vida como profesora de Derecho hablando un magnífico francés, me parece magnífico. Que hubiera decidido presentarse ante el Tribunal Supremo, como hizo su compañera de filas de la CUP, Mireia Boya, con una sonrisa y el puño alzado al entrar en la Sala sin renunciar a su ideario político y hablando un educadísimo castellano, también me parecería genial. 

Opinión exprés

'Ximplets', 'sapastres'

Antonio Franco

Periodista

Estoy a favor de que aquellas personas perseguidas o encarceladas sin juicio alguno (Junqueras, Forn, Sánchez y Cuixart) digan lo que crean más conveniente para defenderse. ¿Cómo puede ser que estemos analizando si la declaración de este perjudica a aquel? Pues porque se trata de presos políticos. Ah, ¿que en España no se persigue a nadie por sus ideas? ¿Qué pretenden, que las ideas se queden quietecitas en las mentes y no deriven en acciones? El Estado encarcela a personas que ejecutan aquello que habían prometido, que han ganado varias veces las elecciones por mayoría –simple, pero mayoría–. Y que han buscado desde el primer al último día el diálogo con un Estado, enfrascado en la carrera de la represión.  

Dispuesto a todo

Como anunció M. Rajoy, el cabeza del partido rey en corrupción, para defender la unidad de España, estoy dispuesto a todo. Todo incluye la represión sin miramientos y en todos los ámbitos. Represión jurídica y judicial, agresión policial, ataque a la escuela catalanacensura en todo tipo de expresión artística, se trate de un rapero o de una exposición; todo significa pura represión para extender el miedo. 

El juez del Supremo Pablo Llarena tuvo que retirar la euroorden contra Carles Puigdemont, cuando el 130º president de Catalunya se presentaba educadamente al juez belga. Llarena tampoco se atrevió a pedir nada a las autoridades danesas cuando Puigdemont dio una conferencia en Copenhague. Y ahora el magistrado no sabe cómo conseguir que las autoridades suizas detengan a Anna Gabriel. En la loca carrera para mantener «la unidad», la vergüenza de España es puro fracaso democrático

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