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Dos miradas

Pago y callas

Emma Riverola

La acusación del padre que destapó el 'caso Maristas' añade aún más oscuridad a unas sombras que la orden nunca ha querido despejar

Silencio. Maldito silencio. El más perverso. El más nocivo. El más destructor. "Los Maristas han pagado a las víctimas para acallarlas". La afirmación la lanza Manuel Barbero, el padre coraje que destapó el caso Maristas e impulsó la investigación del mayor escándalo de pederastia en España. Lo relata en su libro Un silencio a gritos, que presenta este jueves (19.00 horas) en la editorial Comanegra.

La acusación de Barbero, comprobada por él mismo en una llamada en la que solicitaba (y era aceptada) una compensación económica al vicario provincial de la orden religiosa, añade aún más oscuridad a unas sombras que los Maristas nunca han querido despejar. Desde que estallaron las denuncias, se han limitado a la palabrería cosmética, pero han demostrado poco ánimo para tomar el bisturí, rasgar la costra de silencio y dejar que salga todo el pus.

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Cada vez resulta más difícil comprender la doble vara de medir de la política y de la justicia, pero también de la sociedad. No hay proporción con el mal causado. Se condena a un rapero a tres años y medio de cárcel por canciones contra el sistema, mientras se sigue subvencionando a escuelas que no han aceptado ni reparado el dolor que han causado en los más desvalidos. Niños que han crecido y que quizá nunca se recuperarán del trauma sufrido. ¿Cómo no exigimos una reparación pública, más aún cuando es nuestro dinero el que permite a la orden formar parte de la red de escuelas concertadas?

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