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Al contrataque

¿Vamos a ponerle una multa a un tío si nos toca el culo? Yo francamente prefiero el clásico bofetón de toda la vida

De pequeños nos decían que no hablásemos con extraños, y el cuento más famoso de todos los tiempos, 'Caperucita roja', no es más que una advertencia para poner a los niños en guardia contra todo lo que es desconocido, ajeno, misterioso, raro, extranjero y diferente.

Es un cuento que me encanta porque habla sobre todo de la seducción y del candor, de la curiosidad y del peligro. Y considero que la conversación entre el lobo disfrazado de abuelita y Caperucita ("¡Qué ojos más grandes tienes!" "Para verte mejor" "¡Qué orejas más grandes tienes!" "¡Para oírte mejor!" "¡Qué manos más grandes tienes!" "¡Para abrazarte mejor!" "¡Qué nariz más grande tienes!" "¡Para olerte mejor!" "¡Y qué dientes más grandes tienes!" "¡Para comerte mejor!") es uno de los textos más extraordinarios y eróticos jamás escritos sobre la naturaleza del deseo.  

Ahora, en cambio, gracias a las redes sociales, hablamos con extraños, coqueteamos con extraños, discutimos con extraños e incluso nos hacemos insultar por extraños. Ya no hay extraños, todos estamos, si queremos, en el mismo barco. Creo que es un cambio positivo: un mundo sin extraños, un mundo en que todo el mundo habla con todo el mundo, es un mundo más igualitario.

Agravio permanente

Y sin embargo, estamos más a la defensiva que nunca. Algunas mujeres viven en un agravio permanente y afirman que el siglo XXI será el siglo de la revolución de las mujeres olvidando que esa revolución ya tuvo lugar.

Logramos el voto para poder elegir a quien nos gobierna, logramos la píldora para poder acostarnos con quien nos diese la gana y finalmente logramos el divorcio para poder largarnos. Esas medidas nos dieron las armas. Lo de ahora no sé qué armas nos va a dar. ¿Vamos a ponerle una multa a un tío si nos toca el culo? Yo francamente prefiero el clásico bofetón de toda la vida. ¿O también los vamos a meter en la cárcel? Al final la cárcel se acabará convirtiendo en un lugar más interesante que el exterior: hombres que te meten mano, raperos, políticos insurrectos…  

Los independentistas también se sienten agraviados, como los antiindependentistas.

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Barcelona se ha vuelto más pequeña y resiste porque de vez en cuando se sacude toda la caspa y la rabia que recorre sus calles. Estaba el otro día con una amiga de Nueva York que se ha mudado a Barcelona y a la que le está costando integrarse y de repente, al salir del bar donde almorzamos, la ciudad, el sol y la calle, nos asaltaron con su aliento irresistible de energía y de felicidad, y murmuró: "A pesar de todo, es un lugar extraordinario".  

Un mundo sin extraños es un mundo de iguales. Te arriesgas a que se te coma el lobo feroz, claro. Pero vale la pena correr el riesgo.

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