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Al contrataque

Mondongos y chochonas

Cristina Pardo

La comisión de investigación sobre la financiación popular parece algunos días un circo. Refleja el comportamiento grotesco de ese viejo PP


Vivimos en un país en el que casi nos resulta más fácil creer al pícaro que al ministro de turno. Más divertido, seguro. Estamos deseando que aquellos que se sientan en el banquillo tiren de la manta. Casi siempre lo hacen de manera muy controlada; tanto, que a veces más que un tirón es un pellizco de monja. Y sin embargo, tendemos de manera bastante generalizada a creer a esas personas, por poco que digan. 

Queremos creer a los subalternos, a los que habitualmente acaban pagando el pato, cuando señalan a los de arriba, a los poderosos, a los que siempre se van de rositas. Yo reconozco que, acostumbrada a conocer a políticos que después degeneran en presuntos delincuentes, tengo mis debilidades. 

Álvaro Pérez, 'el Bigotes', me divierte. Me parece un tipo sorprendente, campechano. Se ve que conserva las virtudes que le permitieron hacer tantos negocios con el Partido Popular. Ya está condenado, está en la cárcel y por eso se contiene en sus apariciones públicas más bien poco. 'El Bigotes' va de la cárcel a los juicios y de los juicios a las comparecencias en las comisiones de investigación parlamentarias. Si el procedimiento le interesa lo justo, pide que le dejen volver al curso de cocina de prisión para aprender a pochar. Si se juega casi 30 años de cárcel, entonces es capaz de describir durante horas cómo era el poder que atesoraba Francisco Camps, su «amiguito del alma».

Esta semana ha actuado en el Congreso de los Diputados, en la comisión sobre la financiación del PP. Álvaro Pérez ha definido a los empresarios que hacían donaciones como «atizantes del mondongo»: «Abonaban las facturas con alegría y felicidad. No les he visto llorar». De esa manera, sugería que recibían algo a cambio, aunque nadie parece interesado en saber exactamente el qué. 

Valdemoro y Ginebra

Pérez también ha arremetido contra el ministro de Justicia («Catalá parece un vendedor de muñecas chochonas») y contra algunos periodistas («profesionales de la felación»). El show ha continuado con su arremetida contra Iñaki Urdangarin, porque uno está en la cárcel de Valdemoro y el otro, paseando por Ginebra. Y tiene razón. La diferencia de trato es un chocante. En todo caso, es evidente que la comisión de investigación sobre la financiación popular parece algunos días un circo. Pero creo que refleja perfectamente el comportamiento grotesco de ese viejo PP que nos ocupa.

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A mí me parece un ejercicio magnífico de despelote político. Entiendo que en la sede del partido en la calle Génova estén espantados. Más lo estamos los ciudadanos, teniendo en cuenta que la lista de comparecientes se ha tenido que ir ampliando sobre la marcha. La sensación general, y no precisamente por culpa de la oposición, es terrorífica.
 

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