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ANÁLISIS

Una multitud de venezolanos intentan cruzar la frontera desde Venezuela hacia Colombia, en Cúcuta, el 13 de febrero.

REUTERS / CARLOS EDUARDO RAMIREZ

Un nuevo episodio del éxodo venezolano

Salvador Martí Puig

Hace más de una década y media que dio inicio el éxodo venezolano. Hay quienes se refieren al año 2003 como el comienzo del mismo, como consecuencia de la huelga general (también llamada “paro petrolero”) impulsada por la patronal, algunos sindicatos y partidos de la oposición. Dicha huelga, que se manifestaba contra el Gobierno de Hugo Chávez, paralizó parte de las actividades económicas del país desde diciembre del 2002 a febrero del 2003. Esta huelga tuvo una gran repercusión internacional porque se sumaron medios de comunicación y la empresa insignia del país: Petróleos de Venezuela.

Este episodio supuso el primer gran pulso entre la Administración bolivariana y la oposición, y lo ganó Chávez. Desde entonces empezó a detectarse una significativa salida de profesionales y jóvenes pertenecientes a sectores de clase media y alta del país, fruto de su desconfianza respecto al derrotero político y social que iba tomando Venezuela. Ya en el primer lustro del siglo XXI era común encontrar estudiantes venezolanos en las universidades europeas y también profesionales a la búsqueda de empleos calificados. Lo que más sorprendió a muchos fue la rápida reubicación laboral de los ingenieros y profesionales del sector del petróleo, que circulaban por los aeropuertos internacionales con destino a empresas de Escocia, Arabia Saudí, Emiratos, Catar o Estados Unidos.

Desde el 2003 el degoteo de venezolanos que buscan un futuro más allá de las fronteras de su país ha sido constante. Pero no ha sido hasta hace un lustro que este fenómeno se ha convertido en masivo al afectar a sectores que en principio eran la base social del chavismo, a saber, las clases humildes y populares. Desde entonces la diáspora ha tomado otras características: es una salida por tierra de un gran número de personas que, con pocos recursos, se avalanchan en las fronteras de los países vecinos generando una crisis humanitaria. Estos trágicos episodios se han venido sucediendo en las zonas de Venezuela que colindan con Colombia, Brasil y Guayana. De las tres fronteras la más caliente siempre ha sido la colombiana, tanto por su extensión, el fácil acceso, como por las rivalidades políticas entre los gobiernos.

La crisis actual se parece a la acontecida en el 2015 en la que se cerró la frontera y en la que el Gobierno colombiano realizó numerosas deportaciones. Hoy, a pocas semanas de la celebración de unas elecciones contestadas en Venezuela, el Gobierno de Maduro se ve enfrentado a una nueva crisis fronteriza y -como siempre- apela al nacionalismo. Sin embargo el manejo de esta nueva crisis no es fácil, pues si Maduro cierra la frontera esgrimiendo que debe proteger su país de los especuladores que hacen trasiego y especulan con mercancías, bloquea el paso de numerosos ciudadanos venezolanos que -de quedarse en el país- seguramente votarán en su contra. Pero si no lo hace y vuelve a desencadenarse un éxodo migratorio de gente humilde que huye del desabastecimiento y descalabro económico, los medios de comunicación se ensañarán con él en la campaña electoral ya en curso. 

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