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Stamford Bridge como excepción

Sònia Gelmà

En los partidos del 2009 y 2012, el resultado no se correspondió con el juego

Dice Cesc Fàbregas que fue el día más triste de su carrera. El día en que cayó en las semifinales de 2012 ante el Chelsea. El de Arenys no olvida las dos ocasiones claras que falló en la ida, en Stamford Bridge.

El Chelsea les había recibido con el autobús plantado en el área y pese a ello no consiguió evitar las múltiples ocasiones de gol que el Barça generó con su juego. Para la historia quedará el penalti errado por Messi en la vuelta, en el Camp Nou, y que acabó siendo determinante, pero con algo de acierto en Stamford Bridge, la historia hubiera podido ser muy diferente.

El Barça supo ser paciente, abrir el campo, dominar el partido y solo falló un detalle, un pequeño gran detalle, su acierto cara a portería. Una sola ocasión, un solo disparo, dio la ventaja al Chelsea. El fútbol quizás fue injusto esa noche, pero aún más injusto es que esa eliminatoria, la última de Guardiola como técnico azulgrana, se utilizara como ejemplo de estilo agotado, de cómo los rivales ya habían aprendido a pararles. El Barça hizo todo lo que debía hacer para pasar, y si algo le condenó, no fue el juego; quizás el acierto, y por consiguiente el marcador. Pero no el juego.

El marcador no hizo justicia esa noche, como tampoco la había hecho tres años antes en el mismo escenario. Aquel miércoles de mayo del 2009 en que el equipo se bloqueó, se desesperó, concedió oportunidades y dejó en manos de un milagro su clasificación. Y apareció Iniesta para darle una final al Barça, quizás merecida por la propuesta atractiva de toda la temporada, pero generosa con ese partido.

La de 2009 y la de 2012, dos noches en Stamford Bridge que son la excepción. Porque lo habitual es lo otro, que el resultado llegue acompañado del juego. Eso es lo que deberían tener presente los jugadores tras una actuación ante el Eibar que nos hizo torcer el gesto. El Barça jugó mal en Ipurua e incluso por momentos fue superado por los vascos. Cuando el mismo Valverde lo admite, la preocupación pasa a ser menor.

El juego centra a menudo la discusión del barcelonismo, de una manera que a unos nos parece muy sana y a otros les parecerá incluso 'snob'. En estos debates hay dos corrientes bastante marcadas: los que fijan su felicidad exclusivamente en el marcador y los que necesitan de un cierto preciosismo para darse por satisfechos. Unos y otros se divierten de diferente manera, pero todos sin excepción disfrutaron de ese momento mágico en que Iniesta coló el balón en la escuadra. Porque cuando quedas huérfano de juego, de vez en cuando también aparece la magia de esta competición. Esperemos que esta vez no la necesiten. Que suene la música. Vuelve el balón con sus estrellas negras. Vuelve la Champions.

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