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CRISIS EN LA OENEGÉ

Una mujer pasa frente a una pared con una pintura de Oxfam en un campo de desplazados tras el terremoto del 2010.

REUTERS / ANDRÉS MARTÍNEZ CASARES

Oxfam, el mal causado

Pere Vilanova

No hay que poner el foco en el todo porque en las oenegés la gran mayoría de trabajadores se deja la piel en su trabajo y sin su ayuda la situación de la población vulnerable sería mucho peor

Quizá convenga empezar con una precisión semántica. Hemos leído acerca del “daño” que han causado las noticias relativas al comportamiento de algunos dirigentes de la oenegé Oxfam en Haití. La palabra “daño” se queda corta. Daño es algo que sucede por diversas causas, accidentes, peleas, y que causan perjuicios visibles, constatables. Y los daños pueden ser en ocasiones graves. Pero en el caso que nos ocupa, hay que usar el concepto de “mal causado”, que es un nivel cualitativamente superior a daño, y que tiene una fuerte componente moral.

Mientras que la palabra “daño” tiene una apariencia más descriptiva, la palabra “mal” tiene una profunda dimensión moral y denota intencionalidad en la acción. Y aquí algunos medios de comunicación se han perdido un poco, de modo no intencionado. Hemos podido leer por ejemplo que el escándalo de Haití consistiría en que algunos dirigentes de Oxfam habrían presuntamente “contratado prostitutas, algunas quizá menores edad”.

Hablemos claro, en países en situaciones de emergencia humanitaria extrema, la vulnerabilidad de la población es de tal envergadura que la idea de que hay “prostitutas” profesionales como un sector de la población especializado en dicha actividad, es altamente simplista. Quien haya estado en Haití, antes y después del terremoto de 2010, sabe que es uno de los países más desestructurados del planeta. En este tipo de situación, la capacidad de atracción que tiene el acceso a bienes como dinero, comida, medicinas, protección física, por no hablar de fiestas, alcohol y otros privilegios, es para poblaciones enteras irresistible. Mujeres (sobre todo, pero no exclusivamente), niñas, niños, el siniestro mercado de la demanda y la oferta opera a su aire.

Varias advertencias 

Esta precisión viene a cuenta porque desde esta perspectiva, el mal causado por estos dirigentes de Oxfam es mucho más grave. No han “contratado prostitutas”, han contribuido a prostituir a parte de la población, la más vulnerable. La organización cerró los ojos y los oídos a varias advertencias.  Oxfam Holanda, leemos, arguyó que aquello era un problema “británico”. Hubo denuncias similares contra otras agencias en la República Democrática del Congo, en Costa de Marfil, en su día en Bosnia, donde hubo acusaciones contra algunos mandos y oficiales de UNPROFOR, siglas que significaban Fuerza de Protección de Naciones Unidas.

El  mal causado es y será de larga duración, los Gobiernos, empezando por el del Reino Unido, tendrán una buena excusa para cerrar el grifo de las donaciones. No digamos ya los simples ciudadanos que, de buena fe, daban una contribución regular a esta y otras organizaciones humanitarias. Por favor, pongamos el foco en las denuncias concretas, en los responsables concretos, no en el todo, porque en el mundo asociativo humanitario hay mucha gente, la gran mayoría, que se deja la piel en su trabajo, en condiciones a menudo durísimas y, no tengan duda ninguna, la situación en las poblaciones vulnerables sería mucho peor si este voluntariado desapareciese.

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