Ir a contenido

AL CONTRATAQUE

Paco, hermano de Eugenio Aranburu, saluda puño en alto al inicio de la rueda de prensa del sindicato LAB junto a Rafa Diez  i  y Txutxi Ariznabarreta, en febrero de 1997.

SANTIAGO JIMÉNEZ (EFE)

No todo es odio en la red

Jordi Évole

Hace diez días, Haritz Aranburu escribió este texto, repartido en ocho tuits

"Mañana hará 21 años que murió mi aita. Era uno de los muchos vascos que han pasado por la Audiencia Nacional. Su delito, ser miembro de la Mesa Nacional de HB. Cuando lo fueron a detener, se suicidó en el caserío de la familia. Yo tenía 5 años por aquel entonces. Siempre he sentido un enorme orgullo por ser el hijo de Eugenio Aranburu. De un sindicalista que lo dio todo, y más, para intentar mejorar las condiciones laborales de la gente trabajadora, independientemente de su ideología. Una persona, que como otras muchas, nunca tuvo que verse en la situación de tener que elegir entre la vida y la cárcel. Él escogió y siempre respetaré la decisión que tomó. Esto ha hecho en mí ser una persona extremadamente sensible. Una sensibilidad y una empatía de la que mi ama es máxima responsable. Y de la que me siento muy orgulloso. Porque perder de esta forma a mi aita, no hace que cierre los ojos ante otros. El sufrimiento de quien miraba debajo del coche cada vez que lo cogía, de quien ha tenido que vivir con escolta, de quien ha perdido gente en un atentado y de quien ha temido perderlo. No necesito que nadie reconozca mi dolor para sentir y hablar sobre el dolor de otra gente. Porque el sufrimiento en este pueblo ha sido enorme y bidireccional. Y la empatía ha sido limitada y unidireccional. Cuando sueño no tengo la esperanza de que mi familia y yo seamos reconocidos como víctimas. Me es suficiente con saberme y reconocerme como víctima. No necesito que nadie lo haga. Con lo que sueño es con una sociedad reconciliada. Ojalá llegue el día en el que el sufrimiento no se afronte desde el yo también he sufrido, sino desde el entiendo y respeto tu dolor". 

Ojalá nos contagiemos de la generosidad que demuestran personas que podrían no haber dado ese paso jamás. Y que entre todos aprendamos a conjugar el verbo reconciliar en presente

Respuestas a ocho tuits

Hace diez días, Haritz Araburu escribió este texto, repartido en ocho tuits. Y recibió respuestas como estas:

"Yo tenía quince años cuando mi padre tuvo que dejar Euskadi para no seguir mirando debajo del coche. Siempre he pensado que había víctimas en ambos lados. Sigo volviendo cuando puedo y he crecido sin rencor y con mucho amor por tu tierra. Un abrazo".

"Tenía 18 años cuando a mí aita casi lo matan... yo tuve suerte... No conocía tu historia pero he sentido una gran empatía hacia ti... yo también he vivido sin odio ni rencor y eso es gracias a mis padres... te mando un gran abrazo tocayo".

Generosidad contra el dolor

Y todo esto se podía leer en Twitter, ese lugar tan dado a los linchamientos. Pero también ese lugar capaz de generar este tipo de diálogos espontáneos que hasta nos hacen creer que podemos crear una sociedad mejor.

Superar tanto dolor, con tanta generosidad, no se le puede exigir a nadie. Pero sería bueno exigírselo, por ejemplo, a la política y a los medios de este país, tan acostumbrados a la crispación y al revanchismo. Ojalá nos contagiemos de la generosidad que demuestran personas que podrían no haber dado ese paso jamás. Y que entre todos aprendamos a conjugar el verbo reconciliar en presente.

0 Comentarios
cargando