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ANÁLISIS

Los frentes de la investidura

Astrid Barrio

Las consecuencias del 155 empiezan a apremiar, pero la verdadera batalla se libra en el exilio y en lo judicial

En circunstancias normales, cuando existe una mayoría parlamentaria articulada alrededor de un proyecto común y hay un candidato de consenso las dificultades para formar gobierno, se limitan al reparto de carteras y de cargos. Pero en Catalunya, la excepcionalidad de la situación hace que, aunque a priori lo parezca, no se de ninguna de dichas condiciones.

Los distintos integrantes de la supuesta mayoría, el PDECat, sectores de Junts per Catalunya no vinculados al partido, ERC y la CUP discrepan en cuanto al rumbo del nuevo ejecutivo. ERC y parte del PDECat consideran que se debe constituir un gobierno efectivo que pueda ejercer a largo plazo lo que implica, sin renunciar al objetivo de la independencia, abandonar la vía unilateral y acatar el marco autonómico. En cambio, una parte del Junts per Catalunya, la más cercana a Carles Puigdemont, y la CUP son partidarios de dar continuidad a los resultados del 1 de octubre, a la declaración de independencia del 27 de octubre y de implementar la república

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La batalla

Además, a pesar de que formalmente todos sostienen que Puigdemont es su candidato, todos son conscientes de que investirlo en la actual situación resulta inviable y que cualquier intento en ese sentido, que indefectiblemente implicaría un nuevo acto de desobediencia, acabaría teniendo consecuencias penales. Por ello, si no plantean abiertamente otros nombres es porque no existe acuerdo. Junts per Catalunya, como primera fuerza independentista, aspira a que el nuevo candidato surja de sus filas pero ERC, de acuerdo con el relato legitimista que Junts per Catalunya ha impuesto, puede aspirar a que Oriol Junqueras, como número dos del Gobierno depuesto, opte a la presidencia.

Pero si dichas condiciones no se dan no solo es por la disputa partidista, sino porque en realidad la batalla de la investidura se libra en otros frentes: el exilio y el judicial.

La  existencia de una parte del Gobierno cesado, con el presidente que aspira a ser reinstaurado al frente en Bruselas, condiciona el margen de maniobra de los diversos actores implicados, que ni quieren abandonarlo a su suerte ni aparecer como traidores a ojos del electorado independentista. Se espera, pues, que la renuncia proceda del propio interesado, circunstancia que permitiría empezar a buscar un nuevo candidato de consenso.

La situación procesal

Pero esta semana es sobre todo el frente judicial el que cobra importancia. Los posicionamientos de las líderes soberanistas, como Marta Pascal y Marta Rovira, que  comparecen hoy ante el juez Llarena, respecto al futuro Gobierno y al candidato están condicionados por su situación procesal y por la de las personas en prisión preventiva, algo que, sin embargo, ha parecido no importarle demasiado a la CUP, vista la declaración de Mireia Boya. A ver qué declara Anna Gabriel si vuelve se Suiza.

No cabe ninguna duda de que las consecuencias del 155 empiezan a apremiar, pero la cuenta atrás de la investidura no empezará hasta que se despejen estos dos frentes. Solo entonces se podrá empezar a abordar el resto.

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