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DOS MIRADAS

Imagen difundida por Chrysallis Euskal Herria.

Chrysallis

Eliza y Ekai

Emma Riverola

En una época donde nos parece indiscutible la libertad sexual, aún tratamos de ceñir con un alambre de espinos la identidad de género o la orientación sexual

La pequeña Eliza, de siete años, escribe una carta a Amancio Ortega pidiéndole ser modelo de la ropa de Zara Boys y las redes se emocionan con el gesto. Qué bello es el mundo a través del cristal de nuestras pantallas.

 Ekai, un joven vasco de 16 años, se suicidó, incapaz de seguir luchando por el reconocimiento de su verdadera identidad sexual. Estaba siendo atendido en la Unidad de Género del Hospital de Cruces, pero el tratamiento hormonal para frenar su pubertad no llegó a tiempo. Qué dura, qué sucia es la realidad de la incomprensión.

Mientras las identidades nacionales copan buena parte del debate, no solo en Catalunya, los conflictos identitarios de género siguen con la etiqueta de debates menores, cuando no invisibles. Sin luz, no hay conocimiento y en la sociedad aún impera la ignorancia y el rechazo.

Lecciones de vida

Romper con los esencialismos, entender que una persona puede sentirse hombre o mujer independientemente de sus características físicas o no sentirse ni lo uno ni lo otro, comprender que la identidad de género puede ser un conflicto para muchos, que las imposiciones tienen mucho que ver con una sociedad capitalista que nos quiere consumidores y, por tanto, etiquetados, debería ser una de las primeras lecciones de vida.

En una época donde nos parece indiscutible la libertad sexual, aún tratamos de ceñir con un alambre de espinos la identidad de género o la orientación sexual. No podemos permitirnos tanto sufrimiento. 

Temas: Suicidio

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