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Los jugadores del Barça celebran el éxito de ayer en Las Palmas.

La cama de Sito Alonso

Joan Carles Armengol

La victoria del Barça en la Copa de baloncesto ha sido algo más que un milagro

"Nada mejor que llegar a casa y sorprenderte porque tienes la cama hecha". El mensaje, colgado en el muro del Facebook personal de Óscar Lata y oportunamente borrado horas después podría reflejar la situación en que estaba sumido el baloncesto azulgrana en los últimos meses. Lata era uno de los ayudantes de Sito Alonso, que salió de estampida hace unos días del Palau después de encadenar una de las peores rachas que se recuerdan en el baloncesto del Barça.

En estos últimos días no ha cambiado nada, absolutamente nada. Los jugadores son los mismos, y el único que llegó, Edwin Jackson, no ha tenido ningún protagonismo en la Copa del Rey de Canarias. Y, sin embargo, el Barça ha truncado sus más de tres años sin pillar ni un título tras un fin de semana triunfal. Más que triunfal, milagroso. ¿Milagroso? Atendiendo, aunque sea mínimamente, y con todas las reservas, al Facebook de Lata, se podría deducir que más que un milagro lo que se ha producido es un cambio de actitud radical, de 180 grados, de los jugadores, con la llegada de un técnico veterano, de 68 años, que ya había triunfado en una anterior etapa en el club.

Svetislav Pesic estuvo divertido ayer en el vestuario del Gran Canaria Arena. "Jugamos contra Vitoria, el mejor equipo del momento en España. Jugamos contra Gran Canaria en su casa. Jugamos contra el Real Madrid. Solo no jugamos contra Golden State", dijo, en presencia del presidente Josep Maria Bartomeu, presuntamente su gran valedor, para valorizar la victoria.

Los jugadores demostraron, de viernes a domingo (incluso antes, en el primer partido liguero de Pesic en el Palau), que podrían estar en condiciones de plantarle cara a los mismísimos Warriors. Pero para ello ha hecho falta que haya cambiado el microclima en el vestuario. "El nuevo entrenador ha puesto más orden", confesaba Adam Hanga tras la final. "Llevábamos una mochila bastante jodida", añadía Pierre Oriola. "Ha sido un triunfo del espíritu, hemos competido hasta el final incluso jugando mal el último cuarto", concluía Pau Ribas. Aptitud ya había. Más actitud es lo que hay ahora. Y hay que preguntarse por qué.

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