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AL CONTADO

Lo que hay que hacer es domar la actividad y no basarla solo en lo cuantitativo sino en lo cualitativo y que sus beneficios sean más inclusivos

Es verdad. Hay momentos en los que resulta agobiante tener que abrirse paso prácticamente a codazos por La Rambla y otras zonas de Barcelona. Miles y miles de visitantes acuden a la capital catalana todo el año. Y eso se nota.

Se percibe tanto que ya hay movimientos en contra. Quienes consideran que los turistas suponen una especie de invasión. Que la ciudad y muchos de su espacios se transforman en una especie de parque temático. Que cientos de visitantes pueblan pisos y viviendas convertidas en hoteles apartamentos por obra y gracia de Airbnb, en unos casos de carácter familiar, y en otros, para dedicarse a la juerga sin ningún tipo de miramiento con los vecinos.

Sin duda que todo eso verdad. Pero no hay que olvidar que estamos ante una de las actividades que más aporta a la ciudad y al conjunto de Catalunya. ¿Hubiera sido igual la crisis sin este negocio o hubiera sido peor? Al menos 15 de cada 100 euros de riqueza que se generan en la capital catalana proceden de alguna forma de esa actividad que, a su vez, supone en torno a un tercio de toda la que se da en Catalunya. Y al menos 10 de cada 100 empleos tienen que ver con la actividad.

Hotelesbaresrestaurantesmuseos... viven, unos de forma directa y otros, indirecta, del turismo. Es un sector básico y estratégico. Lo que hay que hacer es domarlo o dirigirlo. Me explico ¿Por qué no introducir la ciudad aún más en los circuitos culturales internacionales y de festivales de ópera o música clásica, como se ha hecho con otros estilos musicales con el Sónar Primavera Sound? Es una forma de ampliar la base y de mejorarla, de captar turistas de mayor poder adquisitivo.

Congreso el 21 de marzo

Barcelona Global, una asociación sin ánimo de lucro integrada por empresascentros de investigaciónescuelas de negociosemprendedoresuniversidades instituciones culturalesse ha propuesto celebrar el próximo 21 de marzo un congreso para debatir, consolidar y reforzar la relación entre la ciudad y, por tanto, sus habitantes, con el turismo. Es una buena idea.

Además de recuperar la imagen de la capital catalana, tocada tras los atentados de agosto pasado, algunos brotes de turismofobia o las movilizaciones ligadas al 'procés', se hace necesario buscar nuevas fórmulas para compatibilizar turismo y convivencia.

La ciudad no puede permitirse echar a perder uno de sus mejores activos. ¡Cuántas no darían lo que fuera por emularla!  Se trata de buscar el equilibrio y de que el turismo no sea solo cuantitativo sino cualitativo y que lo que aporta sea más inclusivo para el conjunto de la ciudadanía. Un reto pero que es posible lograr. Por eso, dentro de un orden, turismo, sí. Gracias.

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