Ir a contenido

LA BATALLA LINGÜÍSTICA

Un formulario que perjudica a los alumnos

Ismael Palacín

El modelo de inmersión ha demostrado resultados de aprendizaje existosos y ha contribuido a la cohesión social en Catalunya

A las puertas del nuevo periodo de preinscripción escolar, el ministro de Educación actúa como un pirómano sin escrúpulos. Amenaza con incluir en los formularios una casilla que pregunte a las familias sobre la lengua en que prefieren que sean educados sus hijos. Es un ataque oportunista que busca hacer una pequeña grieta en el modelo de inmersión lingüística, que ha demostrado durante décadas resultados de aprendizaje exitosos contribuyendo a crear cohesión social. Un nuevo intento de convertir la escuela en un instrumento de combate partidista.

Si fueran honestos, deberían preguntarse si esto tiene alguna base pedagógica. ¿Garantizará una mejor competencia lingüística? ¿Aporta algún derecho educativo a los alumnos? Los datos muestran que, gracias al modelo de inmersión, Catalunya se ha convertido en una sociedad bilingüe con alumnos competentes en ambas lenguas. Esta normalidad se hace insoportable para algunos políticos. El consenso del que goza entre familias y maestros aún les resulta más intolerable. Este modelo ha logrado que en una sociedad donde el castellano es la lengua dominante, y la más extendida en la mayoría de los ámbitos (medios de comunicación, empresa, ocio), se garantiza a todos los alumnos el derecho al aprendizaje del catalán en el escuela, independientemente de la lengua hablada en casa. Se ha conseguido que la lengua de origen no sea un factor de segregación o de desigualdad de oportunidades sin perjudicar la competencia en lengua castellana.

Los datos de las pruebas de competencias

Quien no sabe cómo funciona una escuela se puede imaginar que la inmersión es un modelo rígido que ignora las necesidades educativas del alumno. Pero la profesionalidad de los maestros adapta el modelo de inmersión en cada escuela y barrio, según la composición de cada aula y las necesidades de aprendizaje reales de cada alumno. Los resultados se ven en los datos de las pruebas de competencias del propio ministerio o de PISA: los alumnos catalanes son tan competentes como los del resto de España en castellano, y los alumnos de familia castellanohablante no ven perjudicado su aprendizaje en otras materias por el hecho de estudiar en catalán.

Francina Martí

Presidenta de la Associació de Mestres Rosa Sensat

El ministro sabe que los intentos precedentes han sido un fracaso. Recordemos que un juez llegó a dictaminar un porcentaje de clases en castellano que las familias no han reclamado ni se ha extendido porque no respondía a ningún criterio educativo. El exministro Wert ofreció más de 6.000 euros a las familias para matricular a sus hijos en escuelas privadas que enseñen en castellano, y apenas ha encontrado solicitantes.

La medida aspira a generar confusión en segmentos de familias castellanohablantes. Cuando las familias vean una casilla en la preinscripción que indaga si prefieren una lengua u otra, ¿cuál es la pregunta que realmente responden? ¿La lengua hablada en casa? ¿Si les gustaría que el castellano sea vehicular? ¿Si su hijo necesita más horas de catalán o castellano en este curso? ¿Si creen que con la escolarización en castellano mejoraría las notas? ¿Garantizar la competencia de su hijo en castellano? En realidad, la pregunta es una excusa para crear confusión.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Parece que el ministerio aún no saben qué harán después. ¿Presionar a las escuelas para que el 25% de las clases sean en castellano? ¿Exigir aulas o centros para alumnos que tengan padres castellanohablantes? Ninguna de estas medidas puede prosperar en Catalunya, porque el consenso pedagógico y social es enorme y los maestros en las aulas primarán criterios pedagógicos por encima de estas normativas.

Los réditos de la controversia mediática

Quizá se conforman con crear una primera grieta que en el futuro se pueda ensanchar. Posiblemente confían que esto alimente los réditos de la controversia mediática, algunas denuncias en los juzgados contra escuelas y varios recursos jurídicos para impugnar las normativas que vulneren las leyes catalanas que apuntalan estos modelo. El ruido y la demagogia ya son una victoria. Los principales perjudicados serían precisamente algunos alumnos de familias castellanohablantes, que se verían limitados al monolingüismo y quizá segregados en aulas o centros. Y de rebote, lesionaría la cohesión social y la normalización del catalán. ¿Quizá algunas madres y padres marcarán la casilla vinculándolo a preferencias políticas o identitarias? Dudo que después estos mismos padres opten por privar a sus hijos de la competencia bilingüe.

Ahora hay que impedir que este abuso del 155 prospere. El próximo curso es inaplicable, pero desgraciadamente no será el último intento de tomar a alumnos y escuelas como un rehén político.

0 Comentarios
cargando