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Peccata minuta

Ramon Muntaner

Joan Ollé

Una peculiaridad del cantautor Muntaner es que jamás escribió un solo texto de canción, limitándose a musicar justa y magistralmente palabras de otros

Mi amigo Pere Camps lleva más de 20 años al frente –popular– del imprescindible festival de canción de autor BarnaSants, inequívocamente escorado hacia lo que antes llamábamos izquierda y ahora resistencia. El pasado sábado tuvo lugar, en el marco de dicho festival y en el Teatre Joventut de L’Hospitalet, Cançó de carrer, tribut a Ramon Muntaner, miembro de la Novíssima cançó, como se bautizó en su día a los que llegaron después de Els Setze Jutges. Allí estaban los compañeros de promoción de Muntaner: Marina Rossell, que no cantó pero sí emocionó, y Joan Isaac, que organizó el acto y entonó un par de temas del homenajeado.

Debo explicar a los más jóvenes que Cançó de carrer es el título del primer álbum del cantante, aparecido en 1975, a los que siguieron otros siete hasta que, en 1988, Muntaner decidió quemar su guitarra para dedicarse a la gestión cultural. En 1996 fue nombrado delegado en Catalunya de la SGAE, donde aún trabaja en la cara oculta de la música. Una peculiaridad del cantautor Muntaner es que jamás escribió un solo texto de canción, limitándose a musicar justa y magistralmente palabras de otros poetas –con mención especial para Miquel Martí i Pol y Josep Maria de Sagarra-; de entre los escritores aún vivos optó por los otrora gurús culturales pujolistas Xavier Bru de Sala y Vicenç Villatoro, así como por un servidor de ustedes, que nunca ostentó cargo alguno, salvo de conciencia.

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Creo que el tributo que BarnaSants rindió a Muntaner no hace justicia a la amplitud de su obra musical –en la que debemos incluir magníficas partituras para televisión, teatro y cine– sino que  puso la lupa en sus años más encendidos, en su época más épica (disculpen), aquella que se dio en llamar «canción de protesta». Protesto, pues, en voz muy baja, por privar al auditorio de reencontrarse también con la obra más serena, más madura del compositor, que tal vez sea la que mejor ha resistido y resistirá la embestida del tiempo. ¿De dónde proviene este lugar común de considerar los primeros trazos de un creador como lo mejor de sí mismo?

Por lo que se refiere a los/las participantes en el acto, no faltó ni sobró nadie; estuvo quien fue invitado y quiso estar, presididos por el decano Serrat, que compartió canción con Gemma Humet, menuda e inacabable intérprete. Lloré, confieso que lloré, porque es mucho el amor y el tiempo que me une con Ramon y los suyos; pero al día siguiente no acudí al fonógrafo de la nostalgia, sino que entré en YouTube y me interesé por Gemma, por la gran Sílvia Comes, por Túrnez&Sesé, por Rusó Sala –a quien desconocía– y pasé un buen rato escuchando las benditas manos del maestro Eduard Iniesta, que también canta un poquito. La cançó, créanme, no es cosa del pasado.

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