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TITULARIDAD CUESTIONADA

El argentino naufragó en el Bernabéu como mediocentro, pero Unai no disponía de ninguna opción sólida para suplir a Motta

Giovani Lo Celso jugó en el Bernabéu el partido que se esperaba de él. Su naufragio no sorprendió a nadie –quizá sólo a Unai Emery-, y de hecho así se explica que tampoco nadie acabara de creerse en la previa que el argentino fuera a ser el elegido para ocupar la muy delicada demarcación de mediocentro posicional.

Lo Celso es un jugador prometedor, e incluso en París ya ha dado muestras de la calidad que llevó al conjunto francés a ficharle tras haber destacado en Rosario Central. Pero es, ante todo, un centrocampista ofensivo. Menudo, ligero, con las características propias del enganche, del 10 argentino de toda la vida. Adaptable a posiciones algo más retrasadas, sí, pero no tanto.

Andrea Pirlo, en el recuerdo

Unai llevaba probándolo varios partidos en ese rol –quizá pensando que podía encontrar una solución parecida a la famosísima reconversión de Andrea Pirlo que puso los cimientos del gran Milan de Ancelotti-. Funcionó ante rivales muy encerrados, casi ultradefensivos, contra los que no era mala idea disponer de un pasador agudo en la iniciación de la jugada.

Pero Lo Celso ya dio muestras de su debilidad en las transiciones defensivas frente al rival más fuerte al que se había enfrentado: el Lyon, en la derrota por 2-1 a finales de enero. Quizá por ello, y pese a que en efecto Unai había dado pistas como para que sospecháramos que se planteaba muy en serio alinearlo justo por delante de la defensa en Madrid, todos intuíamos que al final no se iba a atrever por la magnitud del acontecimiento y la exigencia del adversario.

Pocos errores pero de bulto

Pero Unai se atrevió, y hoy le llueven críticas por la decisión tomada. Lo Celso solo tuvo dos pérdidas de balón en zonas de riesgo –pocas, teniendo en cuenta su naturaleza-, pero fueron errores gruesos y muy visibles. Peor anduvo en cuestiones relacionadas con la colocación y la toma de decisiones –salir o quedarse, el primer capítulo en el libreto académico de los mediocentros-. El penalti cometido sobre Kroos –más allá de si nos pareció más o menos claro- pertenece a esta categoría.

Unai probablemente se equivocó eligiéndole, pero el gran error no es suyo. Lo inexplicable es que un equipo como el PSG, con todo su potencial económico, llegue al partido decisivo de la temporada sin un mediocentro puro en condiciones. Es verdad: puede ocurrirle incluso al más preparado (nadie está a salvo de que se le lesionen tres especialistas para un mismo puesto). Pero el PSG no había actuado precisamente desde la planificación deportiva concienzuda. 

Fichaje incomprensible

El único pivote de la plantilla, Thiago Motta, tiene 35 años y es propenso a lesionarse. Parece bastante evidente que una necesidad prioritaria en el mercado era cubrirle con un sustituto de garantías, pero el único al que se fichó en invierno, cuando ya parecía difícil que Motta llegara a Madrid, fue Lassana Diarra, que venía de jugar 300 minutos en todo el 2017 en el fútbol árabe. Encima llegó a última hora, por lo que no se le pudo hacer debutar hasta dos semanas antes del duelo del Bernabéu. Lo Celso no era la mejor opción, pero cualquier otra era también una improvisación.

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