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El destino de los 'menas' no puede ser la calle

Beatriz Silva

Los menores extranjeros no acompañados que llegan a Catalunya son ante todo niños: es nuestra responsabilidad protegerles y darles una vida digna

La pasada Navidad, Helena López nos contaba en estas páginas la dura realidad de Oulaid, Ilyad y Mbarak, tres jóvenes que habían emigrado a Catalunya siendo niños en busca de una oportunidad. Desde entonces distintos medios de comunicación han ido recogiendo historias de ‘menas’, como se conoce a los menores extranjeros no acompañados en la jerga de la Administración. Se trata de niños y adolescentes que inician una larga y peligrosa travesía desde países como Marruecos, Argelia o Senegal y que terminan durmiendo en la calle, en un albergue para adultos o en instalaciones que no reúnen los mismos estándares con los que se acoge al resto de niños y niñas en situación de desamparo.  

El ritmo de llegada de estos chavales que emigran solos a Catalunya se ha disparado en los últimos dos años. Algunos meses hasta los 200.

Escondidos en los bajos de un camión, en los casos más precarios, o en un autocar que los deja en la Estació del Nord, cuando han podido pagar el coste del billete, llegan a Barcelona buscando una oportunidad en una Europa que les enseña su peor rostro.

Entidades y educadores aseguran que el destino de muchos de estos chavales es la calle. La Direcció General d'Atenció a la Infància (DGAIA), responsable de su tutela, no ha conseguido implementar en estos dos años una respuesta para un colectivo que debería recibir el mismo trato que el resto de menores en situación de desamparo. Sin papeles, sin trabajo y desprotegidos por la administración, los ‘menas’ se buscan la vida sin herramientas para poder salir de la marginalidad. En aquellos casos en que acceden a una plaza en un centro y a un itinerario formativo, vuelven a quedar desprotegidos el mismo día que alcanzan la mayoría de edad. Con el agravante que regresan a la calle sin un permiso de trabajo y en muchos casos sin el NIE. ¿Cómo puede sobrevivir en esta situación un joven que además no tiene familia ni una red local de apoyo?

Víctimas de una doble discriminación

Los menores extranjeros no acompañados son víctimas de una doble discriminación. Porque se prima su condición de extranjeros por sobre su condición de niños al no darles la misma atención que al resto de menores en situación de desamparo. Pero también porque se les discrimina con respecto a los menores que llegan acompañados de sus padres o de otros adultos que sí acceden a los recursos que les corresponden por su edad.

Aunque la problemática de todos los ‘menas’ no es la misma, la solución para este colectivo pasa forzosamente por dar una respuesta transversal desde el punto de vista de la educación, la salud, la acogida y la formación. Estos niños necesitan aprender el idioma, vivir en un sitio digno, ir al médico y acceder a actividades formativas y de inserción. La solución debería contemplar también a la comunidad magrebí, que puede jugar un papel importante en la integración de unos adolescentes que no tienen familia. La solución no puede traducirse en aparcarlos en casas de colonias o albergues y, por supuesto, no puede contemplar hacerles dormir varios días en el suelo de la Ciudad de la Justicia, como denunció la fiscalía de Barcelona y diversas ongs en octubre pasado.

En estos momentos no está claro qué ha pasado con la mayoría de estos niños. Según las cifras de la DGAIA, solo en 2017 llegaron 1.489. Ese mismo año se crearon 208 plazas nuevas en centros de primera acogida pero no se aumentaron en otros dispositivos. ¿Dónde están los 1.281 que no tienen sitio en ningún servicio?

En julio de 2016, el Parlament aprobó una resolución que instaba al gobierno a crear más plazas para acoger la llegada creciente de ‘menas’, invertir en nuevos recursos que se adaptaran a sus necesidades y crear una comisión con las entidades para buscar soluciones compartidas. Desde entonces se ha avanzado muy poco.

Es nuestra responsabilidad garantizar la seguridad y la integridad de estos niños, darles alternativas para que puedan desarrollar un proyecto vital y preservar los derechos de la infancia porque ante todo son menores. La legislatura que ha comenzado es la oportunidad para dar por fin una solución a este problema. ¿Podemos imaginarnos lo que significa dormir en la calle en medio de este frío? Si ya no debería ser una situación aceptable para un adulto, no deberíamos tolerarla nunca para un niño.

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