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LA EVOLUCIÓN DEL ESCENARIO POLÍTICO

El problema de la izquierda

Oriol Bartomeus

No es el nacionalismo lo que la debilita, sino la constatación de que no hay ninguna alternativa

En las pasadas elecciones del 21D solo dos de cada diez votantes escogieron una candidatura de la izquierda no independentista (del PSC o de los comuns). Dieciocho años atrás, en las autonómicas de 1999, fue el doble. Entonces la izquierda no independentista se llevó el 40% de todos los votos. Si se miran todas las elecciones al Parlament, el porcentaje de voto a estas fuerzas no ha hecho más que disminuir, convocatoria tras convocatoria.

No es un fenómeno exclusivamente catalán, sino que se observa en toda Europa (la siguiente etapa la tendremos en Italia en menos de un mes). La izquierda y el centroizquierda han caído elección tras elección en Holanda, Polonia, el Reino Unido, en Francia… En todos esos sitios donde la tradicional confrontación entre la izquierda y la derecha ha sido substituida por otros conflictos: el nacionalismo, el antieuropeísmo, el odio a los extranjeros o a los refugiados. 

La política es como el agua, que siempre encuentra una manera de continuar su camino. La tensión social también

Hay una cierta izquierda que culpa de su debilidad a una especie de conspiración de las fuerzas conservadoras, que se habrían "inventado" estos conflictos nuevos con el objetivo de debilitar la contraposición izquierda-derecha. No es un discurso extraño aquí, donde el procés independentista es definido por algunos como un movimiento de distracción dirigido por las élites económicas y políticas.

Explicaciones autoexculpatorias

Esta especie de explicaciones autoexculpatorias acostumbran a no tener en cuenta lo más básico, y es que la política se estructura en base al conflicto. Si no hay conflicto, no hay política. Y desde los años 90 la lógica izquierda-derecha está falta de tensión, principalmente porque existe un consenso básico entre la derecha y la izquierda mayoritaria sobre el modelo económico, que reduce la fuerza de la contraposición entre ambas fuerzas.

Lo explicaba perfectamente Marina Subirats, cuando decía que la izquierda ya no era portadora de una "utopía disponible", de manera que el conflicto político no se establecía entre una derecha defensora del statu quo y una izquierda que propugnaba una alternativa a este, sino que las dos asumían un estado de cosas aparentemente imposible de cambiar. 

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Consecuencia, no causa

No es el nacionalismo lo que debilita a la izquierda, sino la TINA (siglas del inglés de There Is No Alternative): la constatación (incluso tras la gran crisis) de que no hay nada que hacer, que no hay alternativa al capitalismo desatado y al imperio sin freno del mundo financiero, con su correlato de precarización laboral.

El conflicto identitario ha venido después, y es una consecuencia (no una causa) de la debilidad de la confrontación entre izquierda y derecha. La política es como el agua, que siempre encuentra una manera de continuar su camino. La tensión social también encuentra vías de expresión, y si la izquierda no consigue ser el canal, acaba siéndolo otro. De aquí que el antiguo votante de la izquierda vote a otras fuerzas. ¿Podrá la izquierda volver a ser alternativa? Solo eso la salvaría de la irrelevancia. En Catalunya, España y en toda Europa. 

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