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La discriminación de la mujer

Poster firmado de las antiguas Rosies en las oficinas del Rosie the Riveter World War II Home Front National Historic Park, en Richmond, California.

La visibilidad del feminismo: ¿un impulso para la transformación social?

Gemma Altell

El machismo es camaleónico y va tomando nuevas formas que no cambian la estructura desigual que subyace aunque de entrada lo parezca

Hace unos días murió Naomi Parker. La protagonista del cartel 'We can do it'. Esta imagen fue un icono del feminismo a partir de los años 80. De esta imagen de la obrera con el pañuelo rojo con topos blancos se han hecho todo tipo de 'merchandising' y, a menudo, sin saber muy bien qué representa. Es un signo más que nos llevaría a pensar que el feminismo se ha puesto de moda.

Es bien cierto que en este último año la visibilidad de los discursos feministas, las iniciativas para reinvindicar los derechos de las mujeres o las denuncias sobre la vulneración de nuestros derechos se han multiplicado. Entre ellos la campañaa del 'Me too' iniciada en EEUU, el 'Yo te creo' en España, la nueva ley islandesa que prohíbe la brecha salarial entre mujeres y hombres, la visibilidad del juicio a 'la Manada' o la emblemática sentencia por acoso por razón de sexo en el marco del Trofeo Conde de Godó por la vestimenta que obligaban a llevar a las mujeres.

Son retos conseguidos. Buenas noticias. Pero la palabra moda nos lleva a dos consideraciones sobre las que debemos estar alerta. Po un lado la temporalidad y, por otro, la superficialidad. Los feminismos (porque son diversos) pretenden, en su génesis, una transformación social que contribuya a un mundo más justo e igualitario en términos de derechos y que incorpore los saberes de las mujeres que tradicionalmente han sido invisibilizados e infravalorados.  Por ello que hay que aprovechar esta visibilidad y mayor sensibilización social sobre las desigualdades de género en nuestra sociedad para empujar en la misma dirección pero también requiere de un trabajo de profundización y didáctica para evitar la instrumentalización de los mensajes.

Como bien sabemos las feministas, el machismo, el patriarcado, es camaleónico y va tomando nuevas formas que no cambian la estructura desigual que subyace aunque de entrada lo parezca.  Un riesgo de esta 'moda' que ya se observa -entre otros en los sectores más jóvenes de la población y también en el ámbito político- es justamente la "corrección política".

Ya no está bien visto hablar de forma discriminatoria de las mujeres o criticarnos estereotipadamente pero esto no significa que en muchos comportamientos cotidianos las desigualdades y la vulneración de derechos se siga produciendo –comentábamos algunos ejemplos al inicio del artículo-, pero a menudo no se identifica porque esta corrección se ha instalado en nuestras vidas como una arena fina que lo tiñe todo de lila pero que solo con un soplido nos devuelve al sistema original.

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Emergen con fuerza personas y colectivos que hablan de 'feminazis' por ejemplo. Una nueva forma de machismo, sin duda. Nunca se es demasiado feminista. El feminismo no pretende recortar derechos de nadie. Sí equiparar privilegios. La visibilidad mediática del feminismo no está yendo de la mano, en el mismo grado, de la transformación social real. Esperemos que los árboles acaben transformando el bosque.

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