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EL PROBLEMA DE LA VIVIENDA

El anticorazón de las plataformas de alquiler

Isabel Sucunza

La posibilidad de ganar más de 2.000 euros mensuales con un piso que alquilado para vivir no pasaría de los 800-900 -y ya sería caro- favorece la inflación del precio de alquiler

Es mediodía. Dos chicas cargadas con maletas salen de la casa que acaban de remodelar en el pasaje donde está la librería en la que trabajo. Ahora son las cinco de la tarde. Llegan tres chicas que parecen fotocopias, maletas y todo, de las de antes. Hacia las siete de la tarde, llega Ramon, que tiene un negocio de reformas aquí al lado. Me saluda: “¿Qué fas, noia?”. “¿Sabes si la han alquilado ya?”, le pregunto señalando la casa. “Ni idea”, me responde; “le han hecho una reforma cojonuda, eso sí. Entré un día que estaban los paletas. Tiene dos pisos, una terraza arriba de puta madre, todo amueblado…” “¿Qué número del pasaje es?”, le pregunto. “No lo pone”, dice, “pero debe de ser el 12, igual que el portal de al lado, que es el mismo edificio”, deduce.

Josep Maria Raya

Profesor titular de Tecnocampus-UPF y analista de Agenda Pública.

Entro en la librería y busco la dirección en distintas webs de alquiler vacacional. No la encuentro. Sí que encuentro en cambio todos los detalles y fotografías de un piso de aquí al lado, a la vuelta de la esquina, en la calle de Parlament. Tiene dos habitaciones, capacidad para cuatro personas y se alquila por 61 euros la noche. Hago la multiplicación rápida: si lo tuvieran alquilado durante todo el mes sin interrupción, se embolsarían casi 2.000 euros en temporada baja; en temporada alta, según indica la misma web cuando eliges fechas de los meses de Semana Santa, verano y Navidad, subiría a entre 2.700 y 3.000€. En los comentarios que ha dejado en la misma web gente que ha pasado por allí se lee que es un cuarto piso en vez de un segundo como indica el anuncio, que no hay ascensor y que los vecinos son antipáticos. Antipáticos.

'Policías' en defensa propia

Pasa Víctor, un amigo, vecino del barrio. Le cuento la historia de las chicas con maletas, la conversación con Ramon y los cuatro números que he hecho. Me dice que hay una web del Ayuntamiento en la que se puede saber si son pisos con licencia de actividad turística o no. La busco, escribo la dirección, pongo el número 12 y no consta como piso registrado para tal propósito. Por si Ramon estaba equivocado y aquel portal no es el número 12, busco todo el pasaje, sin números. La máquina me dice que no hay ningún piso con licencia en toda la calle (es un pasaje pequeño). Veo que al lado del buscador hay un botón que dice “Denunciar”. Le digo a Víctor: “Ostras, tú, como nos tenemos que ver: nos han convertido en policía. En defensa propia, eso sí”.

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Quien no quiera ver que la posibilidad de ganar más de 2.000 euros mensuales con un piso que alquilado para vivir no pasaría de los 800-900 -y ya sería caro- favorece la inflación del precio de alquiler de la vivienda, es que bien se cuenta entre los que hacen negocio con esto o bien es alguien que cuenta con un piso propio para vivir pero cero solidaridad con quien no lo tenga.

Como a lo largo de la tarde he ido mirando webs de alquiler de pisos por días, por la noche, cuando me vuelvo a conectar, me empiezan a saltar anuncios de plataformas que se dedican a ello. Me molestan especialmente los de Airbnb porque utilizan mensajes del tipo “si alquilas por días, ayudas a pagar el alquiler a gente que puede que no llegara a pagarlo solo con su sueldo”. ¿Cómo se atreven a apelar tan directamente a los sentimientos humanos cuando su propio logo es un corazón invertido?

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