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ANÁLISIS

Nancy Pelosi durante su discurso de ocho horas en la Cámara de Representantes de EEUU.

Trump tiene un sueño

Joan Cañete Bayle

Hace falta mucho más que discursos de 8 horas para frenar al presidente y al partido Republicano en Washington

Impresiona ver a Nancy Pelosi ejerciendo el arte del filibusterismo durante más de ocho horas en la Cámara de Representantes. El filibusterismo tiene una larga historia en la tradición parlamentaria estadounidense, sobre todo en el Senado, así que el hecho de que Pelosi haya batido el récord en la Cámara es otro jalón en el historial de una de las grandes damas progresistas de la política estadounidense, furibundamente despreciada por esa amalgama de derecha y extrema derecha que ha aupado a Donald Trump a la presidencia. Aunque solo sea por eso, por leer y escuchar la irritación con la que el partido Republicano y sus satélites han reaccionado a la exhibición parlamentaria de Pelosi, ya ha valido la pena. Tal y como están las cosas, el progresismo en EEUU sobrevive de estas pequeñas satisfacciones, un filibuster de Pelosi por aquí, una lectura de Hillary Clinton de un fragmento de Fire and Fury por allá, un WC dorado por acullá. Hasta que lleguen las legislativas de noviembre, esto es lo que hay. Y entonces, está por ver si el partido Republicano sale mal parado de casi dos años de trumpismo poco o nada ilustrado.

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Pelosi disertó durante más de ocho horas en nombre de los dreamers, esos jóvenes que entraron de forma ilegal en EEUU cuando eran niños, que durante la administración Obama fueron reconocidos con permisos de trabajo y que ahora Trump quiere deportar, sin que le importe demasiado que, ya adultos, estos jóvenes se sientan tan estadounidenses como él. América primero, dice Trump, y en su sueño aberrante de una América blanca y masculina se olvida de muchas cosas, entre otras que EEUU siempre fue un país de emigrantes. Cuesta ponerse cursi con el sueño americano, el melting pot y el anhelo de prosperar en la tierra prometida cuando a diario se pueden ver en EEUU tantos ejemplos que desmienten el sueño americano, pero pese a que la realidad suele ser tozuda, rastrera y a menudo desagradable, para millones de personas el sueño americano sigue existiendo, aunque solo sea en contraposición con la pesadilla de sus lugares de origen. Pese a Trump, EEUU sigue siendo un lugar donde prosperar.

Reforma pendiente

Los dreamers son solo una parte del problema migratorio de EEUU, un país con 12 millones de simpapeles y una reforma migratoria pendiente desde el siglo pasado. George Bush lo intentó, Barack Obama también, y fracasaron con Congresos dominados tanto por el partido Republicano como por el partido Demócrata (en algunas etapas, por cierto, Pelosi fue presidenta de la Cámara de Representantes; entonces no hacía discursos de ocho horas).  Ya se sabe que destruir es más dificil que construir, y tal vez por eso resulta más facil que Trump borre de un plumazo el futuro de los dreamers que darles un camino legal hacia la ciudadanía. Tantos sueños de prosperidad e igualdad están siendo derrotados por el sueño racista de Trump. Hace falta mucho más que discursos de ocho horas para frenarlo; hace falta un liderazgo sin complejos del que el partido Demócrata, y el progresismo en general, carecen. Ni está, ni se les espera. Tal vez deberían leer a Steve Bannon: lo que Trump propone es una guerra en la que no hay punto medio.
 

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