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El ministro de Justicia, Rafael Catalá, y el expresident Carles Puigdemont, en octubre del 2016.

Jordi Bedmar Pascual

Los riesgos de la deriva populista

Joan Tapia

Prohibir el indulto a los delitos de rebelión no serviría para solucionar nada

¿Cuál es la esencia del populismo? Focalizar casi todos los problemas en uno y darle una respuesta simple, radical y, por lo general, imposible. Lo hemos visto con la crisis y la llegada masiva de inmigrantes. Marine Le Pen y la AfD alemana claman por prohibir la inmigración. Imposible. Pablo Iglesias (y otros), por meter en la cárcel a los banqueros (los usureros) y cambiar a Mario Draghi. Igual de imposible.

En Catalunya el independentismo ha caído en el populismo. Todo iría bien (más prestaciones sociales y más democracia) si se desconectaba de España (sin dolor) y Catalunya era un estado de la UE. Algo que se ha visto que era imposible pero que ha seducido al 47% de electores. ¿Por qué tantos? En parte porque CDC y ERC -al contrario que otros grupos europeos- tienen un ADN democrático y nada que ver con la extrema derecha.

Pero la deriva populista del catalanismo ha encontrado su réplica en el antiindependentismo de Cs: el único problema es que el nacionalismo catalán roba y mata la libertad.

El populismo separatista ha llegado a cotas altas, como proclamar que con el 47% de los votos y 72 diputados (sobre 135) estaba legitimado por un mandato democrático cuando no tenía ni los escaños necesarios para hacer una ley electoral. Artur Mas decía que era "una demanda que viene de la gente, de abajo". Y ahora algunos pretenden crear en Bruselas un "Consell de la República". Populismo aderezado por la herencia de Dalí.

Pero también hay populismo al otro lado del Ebro. Cs esgrime sus resultados en Catalunya para decir que es el remedio contra el separatismo. Y el PP, para reivindicarse, recurre a "la ley y el orden". Ahí está su propuesta de endurecer la prisión permanente revisable. Y Cs, que quería abolirla, ya está modulando su actitud. No quiere ser sospechoso de permisividad.  

Pero lo más preocupante es el intento de, aprovechando la enmienda del PSOE a la ley de indulto que pretende impedirlo en los casos de corrupción o violencia de género, extender la prohibición a los condenados por rebelión o sedición. De esta manera sería imposible que en el futuro se pudiera indultar a los independentistas condenados. Es ignorar que el problema no es la declaración de independencia del 27 de octubre, sino que el secesionismo tuvo y ha vuelto a tener el apoyo del 47% de los votos.

Un problema político no se resuelve con el Código Penal ni haciendo a los autores del pasado 27-O condenados asimilados a los corruptos o a los que matan a su pareja. El PP recurre al populismo para combatir el ascenso electoral de Cs. Por este populismo nacionalista -similar pero contrario al independentismo- combaten ahora PP y Cs ante el electorado español. Y el peligro es que el PSOE no se atreva a enfrentarse para no sufrir un intento de marginación similar al del PSC -tratado de "botifler"- cuando no secundó la deriva independentista.

El problema es que con el populismo nacionalista quizás se ganen elecciones, pero lo seguro es que se perturba mucho el funcionamiento de la democracia.