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ANÁLISIS

Iniesta y Montoya, en el partido de la semifinal de la Copa disputado en Valencia.

Qué suerte tiene el fútbol de Messi

Iosu de la Torre

Qué suerte tiene el fútbol de la existencia de Messi e Iniesta (¡y de Suárez y Coutinho!) porque hay muchas noches en las que realmente deberíamos desconectar, ponernos en modo 'off' y alejarnos de tanto ruido pelotero. Suerte de los pequeños grandes dioses, que nos sacaron del letargo de una primera parte en la que no estalló Mestalla pese a los gritos de guerra con los que se anunciaba una 'mascletà' adelantada a febrero.

Las fallas, como siempre, arderán en marzo. El eco del 'a por ellos oé' enmudeció rápido aunque seguirá resonando en muchas plazas de España por gracia de la Guardia Civil.

No, ante el Barça del sabio Valverde no se puede. El guion del 'Txingurri' se reeditó, como en anteriores partidos, con una primera parte de dominio espeso, anestesiante –con la curiosa apuesta por André Gomes, con Coutinho en el banquillo–, sin la brillantez que se destapa en la continuación y la rotundidad para resolver el marcador. 

El sueño de lograr el triplete

Este equipo empieza a creer que puede regresar al olimpo de Guardiola y Luis Enrique, al del triplete. Pero aún es demasiado temprano. El calendario indica febrero en la noche del 'dijous gras', el umbral del Carnaval. Las rúas son para la primavera. Jueves lardero, el del salazón y el mejor cerdo (nada que ver con el que denunció el 'Salvados' de Évole en el pozo de un matadero murciano, por supuesto), butifarra de huevo, tortilla de butifarra y coca de 'llardons'. Manjares de payés para los dioses del Barça.

Que es preferible una serie en la tele que un mal partido de fútbol es posible. Pero ayer no tocaba. Se disfrutó con el primer gol de Coutinho, con la resistencia heroíca del lesionado Piqué, con la izquierda de Suárez, el debut de Yerri Mina. En la quinta clasificación consecutiva del Barça para una final de Copa hubo tiempo, incluso, para la chanza al ver a Messi empaquetado en su camiseta por un Coquelin incapaz de frenar sus regates mágicos.  
 

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