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EDITORIAL

Tranvía, política y bien común

La mayoría de municipios del área metropolitana se han pronunciado a favor de unir Trambaix y Trambesòs

Un tranvía del Trambaix avanza por la Diagonal junto a una hilera de coches. 

Un tranvía del Trambaix avanza por la Diagonal junto a una hilera de coches.  / FERRAN NADEU

Como dijo la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se acerca la hora de la verdad para el proyecto de unir el Trambaix y el Trambesòs. La semana que viene se conocerán las conclusiones de la comisión de estudio sobre la conexión del tranvía, el último paso antes de que el ayuntamiento tome la decisión de si inicia las obras. Mientras en Barcelona el tranvía se ha convertido en víctima de pugnas políticas que a menudo nada tienen que ver con los criterios meramente técnicos, los municipios del área metropolitana por los que pasa el Tram (ocho ciudades, Cornellà, Sant Feliu de Llobregat, Badalona, Esplugues, Sant Just Desvern, L’Hospitalet, Sant Adrià del Besòs y Sant Joan Despí) tienen las cosas claras: siete de estas ciudades (solo falta Cornellà) se han posicionado a favor de la conexión de las dos líneas del tranvía. Llama la atención que en la mayoría de estos ayuntamientos, CiU (o el PDECat) y ERC no tienen los mismos reparos que han expresado en Barcelona.

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Desde que asumió la alcaldía, Colau ha sufrido una oposición muy dura. En ocasiones ha sido la propia alcaldesa y su equipo de Gobierno quienes se han hecho merecedores de la firmeza de los otros grupos municipales  a causa de sus posturas poco flexibles, pero otras veces han sido los grupos de la oposición los que han permitido que consideraciones meramente políticas e ideológicas -a menudo, alejadas del propio interés de la ciudad- se interpusieran en el análisis técnico de asuntos de enorme calado ciudadano. En el caso del tranvía, la Generalitat, la Autoridad del Transporte Metropolitano y los ayuntamientos metropolitanos apoyan la iniciativa de unir las dos líneas. Pero el proyecto se ha convertido en un campo de batalla entre el gobierno de Colau y la oposición de ERC, PDECat, Ciutadans y la CUP en la que se dirimen otros asuntos que poco o nada tienen que ver con la movilidad, el urbanismo y las necesidades de transporte de los ciudadanos de Barcelona y del área metropolitana. Ha llegado, pues, el momento de que los grupos municipales asuman su responsabilidad ante los ciudadanos y, olvidándose de cálculos políticos y de consideraciones ajenas al tema, apoyen la unión de las dos líneas del tranvía y fiscalicen que el ayuntamiento lo hace de la mejor forma posible. No es un cheque en blanco a Colau, sino un proyecto de ciudad. 

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