ANÁLISIS

Condena preventiva a Sandro Rosell

Los abogados renuncian a pedir que salga en libertad hasta el juicio, agotados por la inclemencia de la jueza Lamela

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Acto celebrado en Barcelona por los amigos de Sandro Rosell. A la izquierda, el abogado Pau Molins.

Acto celebrado en Barcelona por los amigos de Sandro Rosell. A la izquierda, el abogado Pau Molins.

Los amigos de Sandro Rosell han decidido romper el silencio que envuelve la maraña judicial en la que está atrapado el expresidente del FC Barcelona. Quieren reivindicar su nombre, que sea un clamor.

La inclemencia de los jueces de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, fieles colegas de Carmen Lamela, Carmen Lamelala magistrada que lo mandó a prisión, ha noqueado al equipo de abogados que defiende al que fue el presidente más votado en la historia del Barça.

Casi nueve meses en Soto del Real (Madrid) han convertido la prisión preventiva en condena preventiva. Así lo consideran, aterrados, los amigos de Rosell.

El largo encarcelamiento y las seis veces en que ha sido rechazada la petición de puesta en libertad hasta que llegue el juicio, han agotado los recursos jurídicos que utilizan los abogados para sacar al cliente de  la cárcel. Ya no volverán a solicitar clemencia. Se resignan a esperar a que se celebre el juicio, lejos de la sala y de Carmen Lamela. No hay fecha. Hoy calibran si conviene pedir el traslado a Quatre Camins.

Sandro Rosell está recibiendo un trato incomprensible, sostiene Pau Molins. El abogado ha intentado que los jueces se sacudan los supuestos y se ha encontrado con un muro. Los mismos que entendieron que el dueño de la federación de fútbol, Ángel María Villar, podía esperar a juicio desde su casa, los que soltaron al expresidente madrileño Ignacio González con una fianza y una pulsera de control en un tobillo, los que fueron comprensivos con Millet y Montull, no aceptan suerte similar para Rosell.

Un delito entre Arabia Saudí y Brasil

“Lo tratan peor que a un terrorista”, se escucha ante lo excepcional de que se le prive de libertad tanto tiempo cuando no se trata de un delito de sangre ni de apropiación de dinero público. Insisten en que el presunto delito lo cometió en Brasil y Arabia Saudí, no en España.

Los amigos de Rosell quieren que se sepa que en alguna parte hay una 'mano oscura' que ha decidido castigarlo por ser un personaje famoso desde su época presidencial, por ser un genio de los negocios, por ser catalán y catalanista (“pero no independentista”). ¿Una versión, otra, de las teorías de la conspiración? 

Para demostrar lo intangible ante la falta de pruebas subrayan que la justicia española no respeta los parámetros internacionales. Que el lío de las comisiones (15 millones de euros) pasó fuera de territorio español. Que la Guardia Civil aprovechó una alerta del FBI sobre Rosell a cuenta del 'Fifagate' para investigarlo y cazarlo en falso. 

Resuena el nombre de Ricardo Teixeira, expresidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, como el personaje que enredó a Rosell, que tiene la suerte de que las autoridades de su país se resistan a entregarlo a EEUU. Que los jueces le prohíben emplear el catalán en sus declaraciones. Que en casi nueve meses, Lamela no ha vuelto a citarlo.

Desfondado, sin reserva

Los amigos de Sandro Rosell están muy preocupados por la barbaridad de mantenerlo en prisión. La audacia y la valentía que transmitía en verano se ha venido abajo. “Està fet caldo!”, comentan. Orina sangre, pero no quiere acudir al servicio médico porque “no se fía”.

En una carta reciente a una amiga le confiesa que “se me está acabando la reserva”. Siempre llevaba el depósito lleno. Rosell se ha acostumbrado a la crudeza del invierno, tan severo como el de su amado Àger (La Noguera), donde creció libre.

En Soto del Real solo hay calefacción dos horas al día. Como el resto de los reclusos, calienta el colchón de la cama con botellas de agua caliente. Dos mantas son insuficientes. El anorac y los pantalones que usaba en las pistas de esquí le sirven de pijama. Le han salido sabañones de tanto frío.

El sufrimiento de Joan Besolí

El ciudadano Rosell está jodido. Junto a él, su socio, el abogado andorrano Joan Besolí, con el que la Audiencia Nacional tampoco ha cedido para dejarle libre unos días para atender a su hijo. En mayo pasado, el chaval sufrió un accidente que le dejó inválido. Besolí no ha obtenido ni un permiso para estar con su hijo ingresado en la clínica Guttman, de Barcelona. 

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Carmen Lamela es la misma jueza que ordenó el ingreso en prisión de Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, la que mantiene encarcelados más de 450 días a los vecinos de Alsasua que se pelearon con unos guardias civiles de en un bar de madrugada.