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Independencia como fin o como medio

Sonia Andolz

Las dificultades para proponer e investir a un nuevo 'president' de la Generalitat están provocando, una vez más, debates y rumores sobre las posibles desavenencias dentro del llamado bloque independentista. A su vez, las fuerzas de la que será, probablemente, la oposición, hacen escarnio de esas diferencias argumentando una pérdida de fortaleza del bloque, pero sin reconocer de forma clara que no hay otra suma posible para investir a otro candidato. Las discrepancias entre partidos no son solo lógicas y esperables sino sanas y necesarias democráticamente. Hay, sin embargo, una distancia importante y transversal en el escenario actual: la que separa a quienes quieren la independencia como objetivo y quienes la quieren como un medio. Y, al contrario, quienes se oponen a esa idea de independencia por principio y quienes se oponen por las formas con las que se está llevando a cabo. El posible punto de encuentro entre esas divisiones parece no interesar a nadie y podría suponer una nueva vía para desencallar el conflicto actual.

En los tres partidos independentistas podemos identificar a personas que entienden y defienden la independencia como un objetivo, el fin al que llegar. Por motivos identitarios, de tradición familiar, de ilusión política o de proyecto vital: ver una Catalunya independiente y liberada de España es el proyecto en sí. La independencia pasaría por encima de todo y, por ello, se pueden obviar o relativizar diferencias de tipo ideológico con los otros dos partidos. La unión y lealtad al proyecto es la prioridad y, una vez se consiga, ya se centrará el debate en el qué y el cómo. Ello implica que no necesariamente se romperá con las estructuras o élites propias y se muestra más tolerancia frente a los errores propios puesto que es parte de la ofensiva.

A su vez, hay también quienes ven en la independencia una vía para diseñar un nuevo modelo de organización política; un nuevo Estado en el que todo esté por decidir y diseñar. Centran el debate no tanto en las cuestiones de identificación de grupo, nación o colectivo sino en la posibilidad de alejarse de una España llena de corrupción, poco sensible con la diversidad e incapaz de adaptarse a los cambios. En este grupo, la independencia no es un fin en sí mismo, sino la vía para poder iniciar un nuevo camino "'per canviar-ho tot'", como decía un eslogan de la CUP. Esta visión aglutina a muchos de los nuevos independentistas, ciudadanos que no necesariamente se identifican con un proyecto catalanista o sienten la necesidad de distinguirse del resto de españoles pero que, con los años, ven esa vía como la única para conseguir un cambio real en el 'statu quo'. Quieren una ruptura efectiva con el sistema imperante y reformularlo de arriba abajo. Son los que quieren seguir a pie de calle, no dar tregua a los políticos y buscar fórmulas para ensanchar el independentismo como la vía para un nuevo modelo. Ahí es donde hay un posible nuevo espacio.

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