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LA CLAVE

El plan del 'expresident', más que restituir el autogobierno catalán, supondría trasladar a Bruselas la sede social de la Generalitat

En el imaginario independentista, la suspensión de la autonomía catalana fue un golpe de Estado perpetrado por Mariano Rajoy, y su continuidad en el tiempo, la prueba más fehaciente del autoritarismo de las instituciones españolas. Se soslaya deliberadamente que fue Carles Puigdemont quien, presionado por las traiciones de socios y correligionarios, prefirió que el Estado ejecutara el 155 que adelantar las elecciones. Y que ahora es la mayoría independentista la que, encadenada a la retórica legitimista del ‘expresident’, ha prorrogado la vigencia del 155 al no investir a un candidato que esté en condiciones de gobernar Catalunya.

La última ocurrencia pergeñada desde Bruselas por el líder de Junts per Catalunya (JxCat) antepone de nuevo la restauración de su poder personal a la restitución de las instituciones catalanas. Propone Puigdemont una reforma exprés de la ley de presidencia que le permita ser ungido en el Parlament, en abierto desafío al Tribunal Constitucional, e instituir en Bélgica un 'Consell de la República' que sería el Govern legítimo y plenipotenciario, reduciendo la Generalitat a mera gestoría autonómica. Una vez anulado su nombramiento por el Constitucional, una asamblea de electos catalanes consumaría en tierras belgas la 'coronación' republicana.

MEDALLA DE PLATA

Decenas de diputados soberanistas llevan semanas de peregrinaje (¿a cargo del erario?) para descifrar los augurios del oráculo de Bruselas. Nadie acaba de cuestionar la mayor: que difícilmente puede erigirse en ‘president’ legítimo quien no concurrió como presidenciable a las elecciones del 2015, y que en las del 21-D tuvo que conformarse con la medalla de plata, con el 21,6% de los votos emitidos y a 161.000 papeletas de la ganadora, Inés Arrimadas (Ciutadans). Minucias.

La endeblez jurídica de la propuesta de JxCat, que podría acarrear cargos por desobediencia para la Mesa del Parlament y otros parlamentarios ya imputados, persigue, más que recuperar las instituciones catalanas, trasladar a Bruselas la sede social de la Generalitat. De cristalizar, el 155 ideado por Puigdemont solo abocaría a la perpetuación del 155 de Rajoy

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