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intangibles

El ministro de Energía Álvaro Nadal y el presidente de Endesa Borja Prado en el foro sobre transición energética.

ELISENDA PONS

Álvaro Nadal y el populismo eléctrico

Jesús Rivasés

El sector eléctrico necesita un revulsivo, pero conviene no pasarse de frenada

El ministro de Energía, Álvaro Nadal, ha trabajado al lado Mariano Rajoy durante suficientes años como para estar convencido de interpretar correctamente sus deseos. Además, es ambicioso y sueña con un ministerio de mayor rango. Teóricamente liberal, cerró filas con Cristóbal Montoro frente a Luis de Guindos al principio de la primera legislatura de Rajoy cuando el dilema era subir el IRPF o el IVA. Hay incluso quién le atribuye la paternidad de la idea, que al final se impuso, de que era más efectivo aumentar impuestos directos que indirectos.

Álvaro Nadal -y tampoco Rajoy- jamás pasaría por un populista. Alto funcionario del Estado -técnico comercial- es brillante, erudito y políglota, pero sería una temeridad considerar que entre sus puntos fuertes figura el de despertar pasiones entre las multitudes o entre los votantes. Sin embargo, el ministro de Energía, se ha lanzado a una especie de cruzada, enrevesada y muy técnica, contra las "odiadas eléctricas", que despierta más que un cierto favor popular y que inquieta a la oposición, que incluso ve segundas intenciones.

Mariano Rajoy y sus Gobiernos han sido los más distantes con las grandes empresas en décadas, quizá desde la época de Adolfo Suárez,  quien tampoco se entendió nunca con los señores del dinero. Las eléctricas no son tan detestadas como los bancos, pero la mínima subida del recibo de la luz, por pequeña que sea -algunas son mínimas en términos absolutos- despierta animadversión. Por eso, cualquier guiño contra esas compañías es acogido con alborozo general.

Nadal quiere cambiar las reglas del sector eléctrico que, sin duda, precisa una reforma como admiten las propias empresas. El ministro, sin embargo, ha anunciado, por su cuenta, reajustes en los precios regulados que cobran eléctricas y gasistas por transporte y distribución de energía. Apenas son 160 millones de euros sobre un montante de 9.000 millones. El conflicto surge porque Nadal plantea modificar las reglas a mitad del partido y se prevén tijeretazos más dolorosos. Puede ser muy popular, pero también pone en peligro la seguridad jurídica y eso, en un sector con abundantes inversiones extranjeras pueden ser palabras mayores. Tener como enemigo a empresas con beneficios importantes puede ser rentable para alguna carrera política. Si además, sobre alguno de los líderes del sector pesa la sospecha galana de haber apoyado inicialmente a Albert Rivera, mucho mejor. 

El sector eléctrico necesita un revulsivo, pero conviene no pasarse de frenada. El futuro de una energía a precios razonables también pasa por inversiones permanentes que deben ser rentables y con menos costes ocultos -subvenciones a terceros- en la tarifa. El problema tiene solución, pero quizá no sea lo populista que algunos desearían. Mientras, el erudito Nadal recuerda aquella frase Churchill: "¿Usted tiene enemigos? Está bien. Eso significa que ha defendido una idea en algún momento de su vida". Aplicable, claro, a populistas y no populistas.