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El líder de Cs, Albert Rivera, pasa por delante del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Congreso de los Diputados.

AGUSTIN CATALAN

Populismo económico

Albert Sáez

Los argumentos de Ciudadanos para suprimir el impuesto de sucesiones son menos serios que la propuesta en sí misma

El populismo económico puede llegar a ser aún más peligroso que el político. Cuando se juntan son decididamente letales. Y en esa dinámica izquierda y derecha tienden a coincidir. En pleno auge demoscópico, Ciudadanos está haciendo bandera de la supresión del impuesto de sucesiones porque en palabras de su líder, Albert Rivera, implica "pagar dos veces por lo que es tuyo". Lo primero que hay que decir es que cuando un político propone una reducción impositiva debería ir siempre acompañada del gasto que pretende eliminar o de la nueva tasa que se propone crear. Dicho lo cual podemos entrar en el fondo de la cuestión. A Ciudadanos este impuesto no le gusta muy especialmente porque es de los pocos que depende directamente de las Comunidades Autónomas, lo cual ha dado pie a algunos episodios de 'dumping fiscal', más a la baja que al alza. Esperanza Aguirre hizo de ello una bandera en el penúltimo ciclo económico alcista. Y llegados a este punto, lo más complicado de razonar es el argumento que dio Rivera: "pagar dos veces". Como ha explicado en este artículo la investigadora Lidia Brun, lo de pagar dos veces no se aguanta mucho. El mismo argumento serviría, como ha explicado, para el IVA respecto al IRPF. Rivera no ha estado ahí muy lucido. También resultaría demasiado fácil utilizar esta propuesta de Ciudadanos para desmentir definitivamente que sea una formación socialdemócrata como ha hecho creer a muchos votantes. Pero es que, como ha explicado David Lizoain, ni tan siquiera podríamos considerarla una propuesta propia del liberalismo, doctrina económica partidaria de la meritocracia frente a los derechos hereditarios. 

Una parte de España, especialmente entre los empresarios, espera de Ciudadanos que sea un partido serio. Económicamente eso quiere decir lo que siempre repetía José Manuel Lara: "que sea previsible", incluso cuando defiende intereses contrapuestos. La política económica seria que España necesita no pasa por una subasta impositiva sino por introducir en el debate político conceptos como el de harmonización fiscal, pero no desde el punto de vista autonómico, que también, sino desde el punto de vista europeo. El capital que circula libremente debe tributar harmónicamente como decía el artículo de Brun. Y conceptos igualmente europeos como el de la sostenibilidad medioambiental en la línea de Macron o el de prima de la productividad y del empleo, en la línea de que ha hecho Merkel con su superávit. Cuando Rivera hace este tipo de movimientos, una gran desazón recorre la España económicamente dinámica. Se aleja el recuerdo de Miquel Roca y renace la idea del liberalismo de Estado tan arraigada en la España improductiva

Lo peor de todo es que Rivera es para muchos la última esperanza. Con Pedro Sánchez metido a poner impuestos a la banca, sin otro argumento del "algo habrán hecho", y con Rajoy pagando facturas tan proteccionistas como la del Castor en el recibo del gas, no se intuye la posibilidad de entrar en el fondo de la cuestión: ¿qué impuestos hay que pagar para hacer qué?

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