13 ago 2020

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Un pensador de referencia

Lecciones de Chesterton, el polemista afable

FRANCINA CORTÉS

Lecciones de Chesterton, el polemista afable

Núria Iceta

La discrepancia ideológica sufre en nuestro tiempo unas estrecheces que nos empobrecen a todos

En los últimos meses hemos visto cómo han proliferado las reediciones de varias obras del escritor inglés G. K. Chesterton. Confieso que no lo había leído. Me parecía como mínimo superado con respecto al pensamiento y más bien aburrido en cuanto a su narrativa detectivesca. ¡Pido disculpas!

Lo primero que me hizo caer en la cuenta de mi error fue ver que la Fundació Maragall, que acaba de editar con Viena Edicions la antología de textos a cargo de Sílvia Coll-Vinent G.K. Chesterton. Cristianismo, pensamiento social y literatura, me pedía que moderara una mesa redonda a la que invitaban a participar a dos pensadores que admiro pero nunca hubiera puesto codo a codo a hablar de un referente intelectual común, Jordi Amat y David Fernández. Estaba claro que los árboles de mis prejuicios me estaban impidiendo ver el bosque de un pensamiento profundamente humanista que en su esencia mantiene toda su vigencia. Lo definía meridianamente la misma antóloga en el acto de presentación, recordando que lo que hace Chesterton es una reivindicación muy saludable de la tradición como una manera defender el hombre corriente de las jerarquías y del poder.

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También debía haber tenido más en cuenta un hecho que yo misma critico a menudo cuando, a veces, hacemos más la pelota a quien descubre la sopa de ajo que a quien optar por profundizar en los referentes que, fieles de la santa continuidad, han llevado el pensamiento de la modernidad hasta nuestros días. «El mundo podría aprovechar la lección de los errores pasados, pero estos errores en general son resultado de los que dan lecciones». Ajá. La profesora Coll-Vinent, precisamente, ha estudiado la recepción del pensamiento de Chesterton en Catalunya en los años 30, los Carner, Sagarra, Serrahima, Rovira i Virgili, Manent..., que tanto hicieron para poner las bases de la cultura catalana contemporánea en un proceso dramáticamente roto por la guerra y el exilio.

Controversias extensas en el terreno de las ideas

Nuestro polemista afable era capaz de mantener largas controversias extensas en el tiempo, en el terreno de las ideas, no de las rencillas de corto vuelo, que no le impedían hacer la cerveza después en el pub con sus interlocutores. Generoso en el uso de las metáforas y las paradojas, con un estilo alejado del que solemos encontrar hoy en los medios, generalmente mucho más directo e incisivo, de él destacó Jordi Amat su escuela de humanidad. Este estilo que puede parecer antiguo en realidad expresaba ideas tan esenciales que lo hacían más moderno que muchos de sus contemporáneos. El tono es el mensaje, subrayaba también Amat, si nos fijamos en su conversión al catolicismo, que no lo convierte en un apologeta, porque es un católico volcado a la vida, lejos de la publicística de la época. «Estos críticos escriben artículos y letras salvajes y obtusas en la prensa sobre por qué las iglesias están vacías, sin que vayan nunca a ver si están vacías y por qué lo están». No me digáis que no es de una actualidad rampante y aplicable a tantas otras cosas.

Hablamos también en el debate de este estilo... ¿sería posible mantener este diálogo de manera sistemática, este cruce de ideas en los medios hoy en día? ¿Y entre medios diferentes? Complicado. La discrepancia ideológica y, por tanto, la posibilidad de construir pensamiento a partir de la escucha de ideas distintas a las tuyas sufre unas estrecheces que nos empobrecen a todos.

La defensa del hombre corriente

A alguien le puede parecer que un mensaje tan básico y central en el pensamiento de Chesterton como el de la defensa del hombre corriente, o de las cosas pequeñas, resulta ramplón en un mundo abocado a la idea de progreso, pero en realidad esclavo del capitalismo licuadora, como lo definió Fernández. ¿Acaso las teorías del decrecimiento, las alertas sobre el cambio climático, la reclamación de las minorías frente a las élites, no son formas actualizadas del «distributismo» de Chesterton?

Alguien del público preguntó a David Fernández si no tenía problemas en su formación política cuando se reconoce revolucionario económicamente, reformista institucionalmente y conservador antropológicamente. Pero a él tampoco es fácil atraparlo dialécticamente cuando te dice que cualquier revolución lo primero que tiene que proteger es la vida y que las instituciones únicamente sirven si están al servicio de la gente, al igual que lo debe estar la economía. Es así, ¿no?

He aprendido tanto leyendo Chesterton, como escuchando puntos de vista diversos sobre su obra, porque cada uno tiene sus manías y enriquecen las propias. La última lección de modestia, de bonhomía, la dejo de nuevo para Chesterton: «No hay nada que falle tanto como el éxito».