ANÁLISIS

Dos Gobiernos sin parangón

Resulta complicado entender la actual estrategia independentista. Los Gobiernos en el exilio se forman porque no es posible formarlos donde toca

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Carles Puigdemont y los consellers cesados Lluís Puig y Clara Ponsatí, en Bruselas

Carles Puigdemont y los consellers cesados Lluís Puig y Clara Ponsatí, en Bruselas / YVES HERMAN (REUTERS)

En los últimos días diferentes voces de ERC han abogado por salir del impasse de la investidura con la técnica del doble Gobierno: un Govern "simbólico" de Puigdemont en Bruselas y un Govern "efectivo" en Barcelona. La idea, en realidad, no es nueva: en la pasada campaña, la secretaria general de ERC, Marta Rovira, ya dijo que su partido encontraría una fórmula para reconocer el Govern "legítimo" de Puigdemont, pero que al mismo tiempo habría que crear una estructura "claramente ejecutiva" radicada en Catalunya.

La verdad es que en aquella entrevista Rovira fue más bien por libre, porque en el programa electoral su partido solo prometía un Gobierno "fuerte" (no dos). A falta de concreción en el programa de ERC, una posibilidad es buscar inspiración en la política internacional.

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A lo largo de la historia son numerosos los ejemplos de dobles Gobiernos. El caso más típico es de los Gobiernos en el exilio creados a raiz de invasiones o golpes de Estado militares y la erección de Gobiernos digamos intrusos en los países afectados. Un periodo especialmente fructífero fue la Segunda Guerra Mundial, cuando Londres se convirtió en la sede de muchos Gobiernos en el exilio de países ocupados por los nazis. El Gobierno en el exilio más longevo es la Rada de la República Democrática Bielorrusa, una rareza que pronto cumplirá sus primeros 100 años.

La Francia Libre y el desembarco de Normandía

Los Gobiernos en el exilio suelen revestir la legitimidad de la que carecen los Gobiernos efectivos y se disuelven cuando cesa la situación que les llevó a constituirse. La Francia Libre, por ejemplo, se convirtió en Gobierno efectivo tras el desembarco de Normandía. El Gobierno del lendakari Leizaola se disolvió con la aprobación del Estatuto de Gernika. La Rada bielorrusa no se ha disuelto porque todavía está esperando traspasar su "mandato" a un Gobierno democrático de Bielorrusia.

En todos los precedentes, los Gobiernos en el exilio no son complementarios, sino opuestos a los que ostentan el poder efectivo

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En todos estos casos puede apreciarse que los Gobiernos en el exilio no son complentarios de los Gobiernos que ostentan el poder efectivo, sino sus opuestos. A simple vista, pues, los precedentes no sirven para iluminar el caso catalán, donde se plantean dos Gobiernos del mismo signo político. Y aquí es donde resulta complicado entender la actual estrategia independentista. Los Gobiernos en el exilio se forman porque no es posible formarlos donde toca. En el caso catalán, no es necesario forman un Gobierno independentista en Bruselas porque es posible formar un Gobierno independentista en Barcelona.

La insistencia en Puigdemont es desconcertante: para levantar el 155 se propone al mismo político que desencadenó su aplicación. Dado que la historia no ayuda, en este asunto acaso habría que apelar al sentido común. Ya no se trata solo de desbloquear la investidura sino de aclarar hacia dónde va el país. En su toma de posesión, el presidente del Parlament, Roger Torrent, expresó su deseo de ayudar a "coser" la sociedad catalana. La pregunta es si la presidencia de Puigdemont contribuirá a las buenas intenciones del sastre.