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Análisis

Entre lo práctico y la estrategia

Marta Roqueta

Muchas medidas son positivas pero no alteran las desigualdades de género que causan el acoso y las agresiones a mujeres

Que los autobuses nocturnos de Bilbao puedan parar a demanda de las pasajeras es una respuesta práctica a la necesidad de protegernos ante la amenaza de agresiones sexuales y acoso a la que estamos expuestas cuando nos movemos por el espacio público. Es parte de la determinación de hacer las ciudades más seguras para las mujeres, y se sitúa en la línea de acciones como mejorar la iluminación callejera. Aún así, facilitar un trayecto a pie seguro no es lo único que se puede hacer desde el transporte público.

Desde 1991, los autobuses de Toronto ofrecen un programa similar al estudiado en Euskadi, el Request Stop Program, aplicado desde las nueve de la noche a las cinco de la madrugada. Durante una estancia en la ciudad hace años pude experimentar las limitaciones de esta iniciativa. Yendo en autobús por la tarde un señor insistió en acompañarme a casa y quiso darme su número de teléfono para que, en caso de que "echara de menos mi país", él pudiera "consolarme".

Esa persona, pues, podría haberme seguido hasta mi casa o aprovechado mi situación de vulnerabilidad, como joven y extranjera. En el 2016, la Toronto Transit Commission (TTC) recibió 85 denuncias de tocamientos en el transporte público. Un año antes, había recibido 67. Ante las críticas de no hacer lo suficiente para evitarlos, la TTC anunció la creación de una aplicación móvil para denunciar el acoso.

Ciudad de México ya ofrece una aplicación de móvil para informar de puntos inseguros. En el país americano, además, se detectó que las mujeres podían ser agredidas con más facilidad cuando se paraban a interpretar las señales, y es por ello por lo que se intenta mejorar la señalización. En Quito, se puso en marcha un sistema de notificación de casos de acoso vía SMS. Una vez recibido el reporte, un equipo contacta con la víctima y el conductor recibe un aviso para que active una alarma que informe a los pasajeros del suceso.

Más allá de la movilidad

Hay que tener en cuenta que muchas de estas medidas no alteran las desigualdades de género que causan el acoso y las agresiones a mujeres. Para atacar el problema de raíz, se necesitan iniciativas que escapan el área de movilidad, como incidir en aquellas actitudes de socialización y construcción de la identidad masculina que justifican que un hombre acose o agreda a una mujer o que tolere que otro hombre lo haga, así como sensibilizar a la sociedad para que no acepte este tipo de actitudes y apoye a las personas que las sufren.

En el ámbito de urbanismo, se requerirían transformaciones más profundas, a menudo más costosas o que tardarían tiempo en materializarse, como una planificación urbana acogedora para todo tipo de actividades y personas de todo género, edad, condición física, clase o raza.

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Así pues, servicios como los estudiados en los autobuses bilbaínos son una buena noticia, pero es probable que sean una de las muchas aportaciones necesarias para atajar un problema que precisa de abordajes más integrales y estratégicos en materia municipal, adaptados a las especificidades de cada contexto.

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