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EL ARTÍCULO Y LA ARTÍCULA

Saber terminar

Saber terminar

Juan Carlos Ortega

En el asunto de Catalunya todos parecen tener una opinión más o menos formada. Independentistas, unionistas, mezclas extrañísimas de ambos; cada uno dice lo que le parece a todas horas y en cualquier lugar. Pero tal vez debería ser ya el momento de dar un giro radical si queremos solucionar el tremendo embrollo.

Siempre que se habla de este tema, aparece alguien que dice, con buena voluntad: «La solución ha de ser política», dando a entender que no solo pueden arreglarse las cosas por medio de la justicia. Yo, lo que propongo, no es ni una cosa ni la otra, sino algo que todos hacemos de manera natural cuando una serie de televisión empieza a cansarnos. Dejar de verla.

¿No les parece que ya está bien la broma? Lo digo en serio, sin ironía. El gag ya cansa. Está agotado. Empiezan a darse giros muy raros, como en esos capítulos de 'Perdidos' en los que ya nada sorprendía porque todo era sorprendente.
'El procés' ha sido una serie de éxito porque ha tenido un arranque buenísimo. Era tan potente, brillaba tanto el punto de partida que cualquier cosa que pasara después, por absurda y tonta que fuera, no le restaba fuerza al argumento. Su inicio genial lo soportaba sin que ninguno de nosotros perdiera el más mínimo interés. Pero todo tiene un límite.

¿No les parece que ya está bien la broma? Lo digo en serio, sin ironía. El gag ya cansa

Hasta las historias con principios más sorprendentes tienen que tener un final. El Génesis, sin ir más lejos, que empieza contando la creación del Universo (brutal comienzo, no me lo negarán), tiene 50 capítulos y no más. Sus autores supieron que no era necesario seguir con un capítulo 51 porque ya se había dicho todo lo que tenía que decirse. «Y Murió José a la edad de 110 años; y lo embalsamaron, y fue puesto en un ataúd en Egipto» (Génesis 50:26). Eso es saber acabar en alto. Muerte. Embalsamamiento. Ataúd. Perfecto. Y ahora a otra cosa. El segundo libro de Moisés, venga, que no podemos estar dándole vueltas y más vueltas a lo mismo.

'El procés', sin embargo, decidió que su capítulo 51 tenía que escribirse, y luego el 52, y el 53, y el 54, y ya vamos por el 870. Sus actores-redactores parecen no cansarse nunca, pero eso no significa que no podamos hacerlo nosotros, sus espectadores.

Si apagamos la tele cada vez que se analiza el asunto, si cambiamos de conversación cuando alguien nos habla del tema, la cosa se irá diluyendo hasta desaparecer. Si no lo quieren terminar ellos, terminémoslo nosotros. Después de todo, para pasar a la historia como lo han hecho los autores del Génesis, hay que tener su gigantesco talento literario. Y resulta cada vez más claro que los de la serie 'El procés' no son, ni mucho menos, tan hábiles como aquellos.

¿Lo hacemos? Venga, yo me comprometo a ello. Jamás volveré a escribir sobre esta cuestión. 

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