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La encrucijada catalana

Puigdemont rescata a Rajoy

José Antonio Zarzalejos

Al escribir y enviar a su 'exconseller' lo que escribió y envió, el 'expresident' ha proporcionado al líder del PP combustible político cuando tenía el depósito en reserva

Haya sido un posado o un robado, haya tenido las intenciones directas o indirectas que unos y otros le atribuyen, lo cierto es que el conocimiento de los mensajes de Carles Puigdemont a su 'exconseller' Toni Comín ha provocado un tsunami mediático y político con consecuencias dispares. Muy posiblemente, en el ámbito independentista el desfallecimiento del 'expresident' haya mordido la moral de sus seguidores pero, al mismo tiempo, reforzado la determinación de su entorno inmediato que se muestra decidido a mantener enhiesto el estandarte legitimista que representa Puigdemont.

Es cierto que las expresiones de su desaliento han servido para transformar el bisbiseo privado en una conversación ya pública y que haya abierto los ojos a los dubitativos o a los más frágiles. Pero no hay que engañarse, el derecho a la duda que expresa el propio Puigdemont ha podido ser un auténtico revulsivo para las minorías que conducen lo que queda de proceso soberanista. En consecuencia, las derivadas del conocimiento de los mensajes entre Puigdemont y Comín no son unívocas ni admiten una interpretación por completo general.

Incombustible presidente

Sin embargo, en un aspecto muy concreto, Puigdemont ha hecho un enorme favor al presidente Rajoy y a su Gobierno. Cuando el 'expresident' sostiene que el "plan de Moncloa ha triunfado", en Madrid la lectura ha sido literal, aunque se haya especulado con versiones poco creíbles sobre la posibilidad de que existiera un pacto con el líder secesionista huido de la justicia. No lo hay en absoluto y sus palabras escritas al 'exconseller' de Salut solo se entienden como una expresión de rendición o de derrota a manos del incombustible presidente del Gobierno que revalidaría así la leyenda que le precede según la cual es un mago en el manejo de los tiempos y concibe la espera al error del adversario como una estrategia que nunca le falla.

Rajoy apareció bajo de tono y con rostro macilento en la entrevista del pasado día 24 en Onda Cero. Consciente de la pésima imagen que proyectó, incluidas algunas torpes respuestas, se repuso en otra posterior en  TVE, pero el impacto del desplome de su partido el 21-D, la escalada en las encuestas de Ciudadanos y la tensión por la interposición de un cuestionado recurso de inconstitucionalidad -aún no admitido por el TC- contra la candidatura de Puigdemont y el pleno de su investidura, prevista para el pasado día 30, estaban haciendo mella en la moral del Ejecutivo que, además, presenta algunas fisuras entre sus miembros.

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De tal manera que "el triunfo de la Moncloa" a que hace referencia el 'expresident' en su mensaje haya sido como agua de mayo para un Gobierno metido en problemas hasta el cuello, sin Presupuestos Generales a la vista y con algunos reveses significativos como el número de parados en enero (el peor en tres años), la falta de credibilidad social de la recuperación económica, los casos de corrupción y las variantes, siempre sorprendentes y muchas imprevisibles, de los acontecimientos en Catalunya que ha reportado un aviso  del indicador que establece' The Economist Inteligence Unit' que retrasa a España de democracia "plena" a "imperfecta".

Apuesta por ERC

En muchos ámbitos de la política madrileña se recuerda que Soraya Sáez de Santamaría, en su gestión de la crisis catalana, apostó por ERC mucho antes que por los exconvergentes. El hecho de que sean los republicanos -a través de los actos inequívocos de Torrent y las declaraciones meridianas de Tardá- los que están poniendo freno a las pretensiones de Puigdemont (sin olvidar que Comín es también miembro de ERC y que no ha renunciado al acta) suscitan comentarios conspirativos en los mentideros de la Villa y Corte. En la que los críticos a Rajoy -todos ellos ya desalojados del partido y agrupados en torno a personas y organizaciones determinadas- se sienten de nuevo defraudados por la baraka del jefe del Gobierno al que las casualidades –o no casualidades- terminan por favorecerle.

El triunfo de la Moncloa

Sea como fuere, Puigdemont, al escribir y enviar a su 'exconseller' lo que escribió y envió, ha proporcionado a Rajoy combustible político cuando tenía el depósito en reserva y le rescata, con la vicepresidenta, de un alud de críticas en los medios y en sus propios entornos. El malestar en el Consejo de Estado y en el propio Tribunal Constitucional, pasan así a un segundo plano y Maroto, Casado y Martínez Maíllo han incorporado al argumentario de los cargos públicos la expresión "la Moncloa ha triunfado".

La actuación del magistrado instructor de la causa del 'procés', Pablo Llarena, con procesamientos que se esperan por rebelión en el plazo de un par de meses, descargarán de presión  a un Gobierno que estaba al límite.

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