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EL NUEVO ESCENARIO POLÍTICO CATALÁN

Catalunya y su gente, lo único imprescindible

Joan Josep Nuet

Urge una propuesta inclusiva de gobierno que desarrolle una Catalunya de derechos de ciudadanía y servicios públicos de calidad

El otoño del 2017 acumuló tal cantidad de "días históricos" para Catalunya que hace temblar. Junto a las sensaciones muy positivas de los días 1 y 3 de octubre, en los que  mucha gente se sintió protagonista y desafiante frente al autoritarismo, también asistimos a jornadas nada clamorosas que representaron momentos de división de los que la democracia no salió muy bien parada, como los días 6 y 7 de septiembre y el 27 de octubre, con la Declaración Unilateral de Independencia no efectiva del Parlament.

Al empezar el 2018, y después de los resultados de las elecciones del 21 de diciembre, ahora toca iniciar una legislatura que, o bien continúe el camino de la unilateralidad del 27-O, o bien elija otro camino, una vez analizadas las dificultades objetivas de enfrentarnos a un Estado español monopolizado por tendencias que niegan no ya su plurinacionalidad, sino de facto la separación de poderes y el ejercicio de derechos fundamentales como los de manifestación y opinión política. 

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Evitar la derrota histórica

Hay que decir la verdad, hay que organizar la lucha política de forma efectiva para resistir en medio de una situación en la que la desigualdad social se consolida y los derechos democráticos están amenazados y conculcados. Hay que asumir que la tendencia de alargar el procés (aunque sea con nuevas etapas de “legitimidad” sobre el President y el viejo Govern) nos lleva a una derrota histórica que no solo sufrirán los independentistas sino el conjunto de los demócratas de Catalunya y España. Evitar la derrota histórica

El debate de la soberanía no es una fiebre catalana. En muchos otros países y territorios, el vacío democrático al que pretenden someternos ha comportado y comportará movimientos populares profundos que quieren poder decidir más, hasta poder decidirlo todo. Pero también hemos observado cómo algunos de estos movimientos se han convertido en respuestas identitarias e insolidarias que han levantado muros en lugar de allanarlos.

En Catalunya hay que repensar estratégicamente lo bueno que el procés ha legado, convertirlo en un amplio movimiento democrático y republicano de gran base social que penetre en el conjunto del país sin excepciones y que incorpore a sectores populares de todo tipo con identidades y lenguas diversas. Sectores populares que se sienten abandonados y menospreciados en barrios donde ha caído la inversión social, donde se ha degradado el Estado del Bienestar y donde se desconfía de un deje de superioridad moral que los aleja de una Catalunya que no sienten como suya.

Mayoría parlamentaria

Es necesaria una propuesta basada en la mejora de sus condiciones materiales, una propuesta inclusiva que desarrolle una Catalunya de derechos de ciudadanía y servicios públicos de calidad como primera identidad de un nuevo país al que sí estarían dispuestos a pertenecer. Un programa de gobierno dominado por las políticas sociales y por esa idea constituyente que piensa más en el fondo de lo que queremos que en la forma de lo que somos institucionalmente como sujeto político de la nación.

Una mayoría parlamentaría de apoyo estable a un gobierno que planifique una nueva relación institucional con el Estado, que ayude al crecimiento económico y a las inversiones, y que priorice poner freno a la judicialización y sacar de la cárcel a los presos políticos es posible, y no nos hacen falta unas nuevas elecciones para llegar a esta conclusión.

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