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GEOMETRÍA VARIABLE

¿Puigdemont o Puigdemont?

Joan Tapia

La legitimidad está en el Parlament, no en el exilio de Bruselas

Los mensajes de móvil de Carles Puigdemont a Toni Comín, tras suspender Roger Torrent el pleno que debía investirlo, son inequívocos: "Volvemos a vivir los últimos días de la Catalunya republicana… El plan Moncloa triunfa… Supongo que tienes claro que esto se ha acabado. Los nuestros (¿ERC?) nos han sacrificado". Pero luego tuiteaba: "Soy humano y hay momentos en los que yo también dudo. También soy el 'president' y no me arrugaré ni me echaré atrás, por respeto, agradecimiento y compromiso con los ciudadanos y el país. ¡Seguimos!".

Todo Puigdemont está ahí. Un hombre normal, más bien simpático, y un independentista radical, inclinado a confundir el sueño con la realidad y que tropieza al enfrentarse a decisiones complejas. Con estos mensajes se entiende mejor que el 'president' que a las dos de la madrugada del jueves 26 de octubre dijo a sus 'consellers', y al estado mayor independentista, que había decidido convocar elecciones porque era la única forma de parar el 155, y que lo había pactado con la mediación del lendakari, Iñigo Urkullu, solo 12 horas después hiciera marcha atrás alegando falta de garantías y tomara una decisión que ha tenido graves consecuencias. Y que le ha obligado a exilarse en Bruselas mientras el vicepresidente Oriol Junqueras y el 'conseller' Joaquim Forn siguen -tres meses después- encarcelados.

Es lógico, pues, que los secesionistas que han asumido que el 27 de octubre fue un error evitable, que la via unilateral se estrelló y que los gobiernos europeos han avalado el recurso del Estado al 155, le exijan a Puigdemont que no les obligue a otro acto de fe simbólico y explique como un nuevo desafío a la legalidad no haría otra cosa que prolongar la anormalidad de la vida política y económica catalana.

Roger Torrent afirmando que Puigdemont es el candidato pero que la investidura solo se votará si es válida; Junqueras sugiriendo que se haga a Puigdemont 'president' honorario; y Marta Rovira añadiendo que la investidura no debe tener consecuencias penales negativas, le han indicado, con cuidado porque no quieren desconcertar aún más a unos electores que sí tienen derecho a soñar, que no siga escupiendo a la realidad. Ahora es ERC la que compra el consejo del revisionista Artur Mas cuando dice que el 47,5% de los votos es solo el 47,5%.

La legitimidad está en el Parlament, no en lo que quiera un presidente exilado que llegó al cargo sin haber sido ungido por el electorado, sino señalado por el dedo de Artur Mas en enero del 2016, y que en las últimas elecciones encabezó la segunda lista más votada. Con 60.000 votos menos que Inés Arrimadas y 13.000 más que Oriol Junqueras.

¿Qué pasará? ERC sabe que seguir cabalgando en la ilegalidad no lleva a nada bueno. El PDECat quizás esté mareado con tantos cambios, y la veintena de diputados puigdemontistas siguen empecinados en un gesto similar a la rebelión (fracasada) del 27 de octubre. Pero ir a otras elecciones mientras Catalunya y su economía se degradan sería la máxima irresponsabilidad.

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