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INTANGIBLES

¿Qué ha pasado en el mercado de trabajo catalán desde el 1-O?

Josep Ginesta

El 2017 ha sido, de nuevo, un año en que hemos recortado terreno al paro. Los datos de la última encuesta de población activa así lo corroboran. Ciertamente se ha ralentizado la recuperación en comparación con la del año anterior, pero hemos situado la tasa de paro al 12,6%, con un ligero incremento respecto al trimestre anterior, pero 2,2 puntos inferiores a la de hace un año. Hay que ir al último trimestre del 2008 para encontrar una tasa más baja. En el conjunto de España, la tasa se sitúa en el 16,55%. Si descontásemos Catalunya del conjunto, la tasa se situaría en 17,33%.

Son tasas altas aún, que hay que revertir para normalizar nuestra economía, pero a la vez, y gran asignatura pendiente, reconduciendo la calidad del trabajo que creamos, tanto por los salarios que tenemos que no han recuperado poder adquisitivo, como por la alta temporalidad y parcialidad que impera en esta recuperación; debemos erradicar el precariado.

Los últimos meses, y especialmente desde el 1-O, hemos visto como el paro registrado se incrementaba de forma relevante. De hecho, es notorio porque se ha utilizado para hacer un paralelismo entre situación política y crisis económica, añadido al argumento de la fuga de empresas, condicionando decisiones, infiriendo una imagen poco atractiva del país absolutamente irresponsable.

La ralentización en la recuperación lo podemos atribuir a la prudencia empresarial en la contratación ante una cierta incertidumbre, pero en ningún caso a deslocalizaciones y fugas, dado que no existen expedientes registrados que así lo indiquen. Pero la realidad del paro no es del todo esta, al menos, en las cifras que tenemos a partir de la publicación de la EPA, la encuesta de población activa.

La EPA analiza datos de empleo y paro en base a encuestas, y tiene una periodicidad trimestral. En cambio, mensualmente explicamos el paro registrado, que es el de las personas que se han inscrito como demandantes de empleo en las Oficines de Treball. Son, por tanto, fuentes de información diferentes, a la vez que tienen referencias temporales y definen de forma diferente el paro. En la EPA figuran parados que buscan trabajo y que por razones diversas no se registran, sobre todo cuando no se tiene derecho a percibir prestaciones, como a menudo ocurre con el caso de los jóvenes.

En estos momentos, el paro EPA es de 60.000 personas superior que el registrado. En el caso de los jóvenes, la diferencia es de 74.000. No obstante, se ha observado cómo, coincidiendo con la entrada en vigor de la ley de la renta garantizada de ciudadanía, la distancia entre paro registrado y EPA se ha reducido; mientras que entre el inicio de septiembre y finales de diciembre, el paro registrado se ha incrementado en 20.600 personas, el paro EPA lo ha hecho sólo en 3.600 personas entre el tercer y cuarto trimestre del año. Es evidente que si estuviéramos en un periodo de nueva recesión, no existiría este elevado diferencial, y se mostraría también un incremento similar en la EPA.

Hay que tener en cuenta que para acceder a la renta garantizada hay figurar como demandante de empleo, estar en disposición de trabajar, no rechazar un trabajo y participando en programas de activación laboral. Una tesis que se puede sostener es que la aparición de este nuevo derecho social ha comportado que se active un mayor número de personas en Catalunya, y por tanto, que se registren en las Oficines de Treball.

Podemos creer en las coincidencias, y también, en cuál de las coincidencias es la acertada. Podemos elegir seguir creyendo en las campañas del miedo habituales, o bien, en la tesis en positivo de que el incremento del paro registrado en Catalunya se explica porque un buen día gestamos un nuevo derecho social, la Renta garantizada de Ciudadanía, que interpela a las personas a creer en que el trabajo es la mejor política social.

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