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LA INVERSIÓN EN INVESTIGACIÓN

El fracaso de la ciencia con adjetivos

Ramon Trullás

Con el modelo «traslacional de excelencia» se ha dejado de estimular la investigación biomédica básica

La farmacéutica Pfizer acaba de anunciar que abandona la investigación para desarrollar tratamientos para las enfermedades neurodegenerativas. La razón es el fracaso en el desarrollo de fármacos para tratar las enfermedades de Alzhéimer y de Parkinson, a pesar de la enorme inversión.  

La renuncia de Pfizer (unida a renuncias previas de otras farmacéuticas) debería hacer reflexionar a los gestores científicos que han impuesto el modelo de investigación conocido como "traslacional de excelencia". El modelo postula que solo es financiable la investigación biomédica dirigida a obtener un tratamiento que pueda "Trasladarse" rápidamente a la clínica. Este modelo se ha extendido por todo el mundo. Uno de los factores que puede explicar el fracaso "traslacional" en neurociencia es que no hemos avanzado suficiente en el conocimiento de los mecanismos fundamentales que causan las enfermedades neurodegenerativas

Invertimos una cantidad ingente de dinero en aplicar o trasladar conocimiento que aún no hemos adquirido

La paradoja

El avance ha estado lastrado por políticas científicas ajenas al quehacer de la ciencia. Una consecuencia negativa del modelo de "ciencia traslacional de excelencia" es que se ha dejado de estimular la investigación biomédica básica, considerándola inútil o poco práctica. Así, nos encontramos ante la paradoja de que se invierte una cantidad ingente de dinero en aplicar o trasladar conocimiento que aún no hemos adquirido.

Los avances realizados por la ciencia en el ámbito de la biomedicina en los últimos 300 años han sido espectaculares; han permitido que muchas enfermedades dejen de ser letales. Pero han sido posibles gracias a la curiosidad de una gran cantidad de personas anónimas que aplican el método científico para responder preguntas sobre la vida y comparten el conocimiento que adquieren. 

Método aplicable

Descubrimientos que han salvado muchas vidas, como los antibióticos, antivirales o la insulina, fueron posibles gracias al conocimiento anterior obtenido por científicos que se hicieron preguntas sobre la naturaleza de los sistemas biológicos (la fermentación en levaduras, los procesos de síntesis química o los de desarrollo en los invertebrados) y que nunca imaginaron que el conocimiento que obtuviesen podría ser aplicado en curar enfermedades. 

Pero el conocimiento que se obtiene mediante el método científico siempre es aplicable. Quizá la mejor descripción de este proceso la hizo Isaac Newton cuando, parafraseando al filósofo neoplatónico Bernard de Chartres escribió: "Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes". 

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El abandono por parte de las multinacionales farmacéuticas de la investigación en enfermedades neurodegenerativas puede tener un impacto social muy negativo. Si tenemos en cuenta que en países desarrollados la esperanza de vida se ha incrementado casi hasta los 85 años, y que es probable que una de cada tres personas a partir de los 70 años sufra una enfermedad neurodegenerativa incapacitante, la ausencia de un tratamiento efectivo para estas enfermedades es alarmante. 

Para evitarlo, es necesario incrementar el conocimiento que tenemos sobre el funcionamiento normal del cerebro y sobre los procesos bioquímicos que causan las enfermedades neurodegenerativas. Para adquirir este conocimiento, es preciso fomentar la investigación en ciencia, pero sin adjetivos; realizada por científicos, sin adjetivos; en todos los ámbitos, incluso en aquellos que ahora no podemos ni sospechar que puedan ser útiles. Quizá con una única exigencia: la aplicación rigurosa del método científico. 

Excelente o no excelente

Es equívoco referirse a ciencia excelente y no excelente, ciencia aplicada y no aplicada; o es ciencia o no lo es. No es positivo favorecer que los científicos compitan entre sí para saber cuál es más excelente; todos formamos parte de una comunidad de enanos a hombros del gigante del conocimiento previo. 

Pienso que debemos convencer a los gestores políticos que la aplicación de adjetivos a la investigación científica (en particular los adjetivos traslacional o excelente) inhibe tanto el avance del conocimiento como también su aplicación. Estimular la realización de proyectos técnicamente correctos, dirigidos a responder preguntas relevantes, que permitan avanzar en el conocimiento es, quizá, la mejor forma de construir la base que permita posteriormente identificar nuevos tratamientos para cualquier tipo de enfermedades y evitar los graves problemas de salud asociados al envejecimiento que se avecinan.
 

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