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Educación pública

Una maestra de la Escola Bressol Barrufet preparen materiales.

RICARD CUGAT

Recoser la red de 'escoles bressol', una prioridad

Marta Verdejo

Se están tejiendo nuevas complicidades para seguir trabajando en la mejora del modelo educativo

No hay nada en la escuela infantil que no se mueva a través de las emociones. La intensidad de los primeros días de curso, los abrazos, todos los descubrimientos, las complicidades, los aprendizajes... Las vivencias de las familias también están repletas de emociones. Las dudas, las ilusiones, las expectativas y también todos los sentimientos que se entremezclan durante el proceso de familiarización.

Antes de llegar aquí, la decisión habrá sido preinscribir a su hija o su hijo en una escola bressol. Un paso que a menudo está motivado por la necesidad de conciliar la vida laboral con la familiar. Pero a las educadoras nos alegra mucho saber que también suele hacerse por convicción: cuentan que podrían organizarse de otra manera pero eligen esta opción reconociendo su carácter educativo y valorando los espacios y al equipo de profesionales que los acogerán. También se percibe que son un bien común, público. Suele ponerse el énfasis en su modelo, yo diría que es como un hilo que va enlazando todo un tejido colectivo que, cuando está bien cosido, toma ese sentido tan necesario y apreciado.

La escuela infantil puede ser un primer espacio de socialización para una niña o un niño, o para su familia, lleno de oportunidades educativas. También es un buen motor para la cohesión social, y es que el 0-3 es inclusivo por definición.

A estas alturas del año, el teléfono ya empieza a sonar más de lo habitual pidiendo información. También muchas familias se acercan hasta los centros preguntando cuándo se inicia la preinscripción o cuáles son los requisitos, los pasos a seguir. ¿Cuántas plazas tenéis y cuántas familias suelen quedar fuera? La pregunta del millón. Y la respuesta, más complicada de lo que parece, quizá porque nos gustaría que fuera otra. Nos gustaría poder decir que se trata nada menos que del derecho a la educación y que el acceso es universal, pero estamos lejos de ello.

Los días de las jornadas de puertas abiertas, las familias suelen llenar la escuela casi por encima de sus posibilidades para obtener una plaza y lo hacen con rostros llenos de ilusión y al mismo tiempo incertidumbre. Cuando salen las listas con las familias admitidas en el centro, somos testigos de otros momentos también llenos de emoción: las que han obtenido plaza, dicen que parece que les ha tocado la lotería y, algunas de las que no, frustradas, se preguntan ¿cómo puede ser que queden tantos niños y niñas sin plaza?

Hay un tema clave que explica en gran parte por qué últimamente no ha crecido tanto como quisiéramos la red de escoles bressol públicas en la ciudad y es por la falta de financiación por parte de la Generalitat: después de unos cursos en los que su aportación económica ya fue disminuyendo, desde 2013 no aporta ni un solo euro. Atrás quedan los años del tripartit, en los que se financiaba cada plaza "por tercios": un tercio el Ayuntamiento, un tercio la Generalitat y un tercio las familias. Actualmente, todo este peso recae únicamente sobre el Ayuntamiento y las familias.

Una cuestión de justicia social

En la ciudad de Barcelona, ​​contamos ya con 98 escoles bressol municipales. Una red que va sufriendo fuertes sacudidas con las políticas neoliberales. No solo fue disminuyendo hasta desaparecer la financiación de la Generalitat; el anterior gobierno municipal convergente también aumentó la ratio hasta el máximo permitido y recortó el refuerzo educativo.

La persistencia del colectivo del 0-3 y la complicidad del actual equipo de gobierno municipal han hecho posible empezar a coser de nuevo la red, haciéndola otra vez única y pública con la municipalización de tres escuelas (el gobierno de Trias había externalizado su gestión) y dando un paso para mejorar la calidad, devolviendo el refuerzo educativo recortado anteriormente (además de ello, este curso 2017-2018 cada educadora de refuerzo dispone de 2'5 horas semanales más). De nuevo, se están tejiendo nuevas complicidades para seguir trabajando para la mejora del modelo educativo, recuperando un valor intrínseco del 0-3: la innovación y la constante renovación pedagógica. Me gusta pensar que el vaso está medio lleno...

Las niñas, los niños, las familias y los equipos de profesionales deberíamos exigir a la Generalitat que asuma su responsabilidad en cuanto a la financiación de las bressol, para poder seguir mejorando la atención educativa y seguir dando pasos hacia delante: reduciendo la ratio, facilitando más recursos para acompañar a los niños, incrementando al ritmo necesario el número de escuelas infantiles municipales, y también diversificando la oferta pública de servicios educativos para la pequeña infancia. No deberíamos renunciar a que el 0-3 esté entre las prioridades de las políticas educativas. Es una cuestión de derechos, de justicia social, de pasado, de presente y, sobre todo, de futuro.

Temas: Guarderías