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ANÁLISIS

El president del Parlament, Roger Torrent, y el candidato a se investido presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en Bruselas

EFE

El método Torrent

Joan Tapia

ERC y PDECat deben asumir que el 21-D ganaron solo las elecciones autonómicas

Roger Torrent hizo ayer lo inevitable si no quería: a) volver a la rebelión del Parlament contra el Tribunal Constitucional (TC) de la pasada legislatura, b) no renunciar a la investidura de Carles Puigdemont que pactaron los tres grupos independentistas, y c), no provocar una ruptura pública en las filas (divididas y subdivididas) del secesionismo. Suspendió la investidura de Puigdemont porque en este momento no habría sido ni válida ni efectiva y además lo pudo hacer en base a la petición de amparo a sus derechos del propio Puigdemont. Incluso lo adornó con ataques al TC y a la vicepresidenta.

Y tras la decisión de Torrent está ERC, que sabe (lo sufre en carne propia) que tras la rebelión contra la legalidad solo se encuentra la cárcel, la libertad provisional y el exilio. Y que nadie en Europa mueve un dedo. Significativo fue ayer el tuit de Oriol Junqueras felicitando a Torrent.  

La disyuntiva

Pero lo de ayer no tiene mucha vida. Solo vale hasta que el TC se pronuncie sobre el famoso recurso del Gobierno porque, aunque no lo admitiera a trámite (poco previsible), lo seguro es que no rectificará las medidas cautelares que impuso –por unanimidad– respecto a la investidura. Entonces, Torrent y el secesionismo se encontrarán ante la misma disyuntiva que ayer: asumir los costes de desobedecer al TC, pactar otro candidato distinto a Puigdemont o dejar correr los dos meses de plazo e ir a nuevas elecciones. Y si los plazos no corren, por falta de investidura fallida, prorrogar la vida del 155

Un directivo de Òmnium dijo ayer que el 21-D ganó la República. Se equivoca, la República murió (si es que nació) cuando se aplicó el 155 y los secesionistas se presentaron a las autonómicas. Lo que el independentismo ganó el 21-D es el derecho a gobernar en el marco constitucional y autonómico. Nada más, pero nada menos. 

¿Optará el independentismo por gobernar Catalunya o preferirá continuar viviendo en la sugerente burbuja de la República? ERC ha decidido a medias (más el veterano Joan Tardà que el institucional Torrent), que lo sensato es aceptar el marco estatutario (por imperativo legal) y formar gobierno. Los puigdemontistas radicales (entre 15 y 19 diputados de los 34 de Junts per Catalunya) están hoy en la resistencia heroica: Puigdemont o Puigdemont. ¿Hasta cuándo? 

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El dominio del ‘seny’

Quizá la clave esté en la actitud final del PDECat. ¿Se inclinará por el realismo sobrevenido de Artur Mas de no ir a nuevas elecciones y asumir que los 70 diputados son «un tesoro» a no arriesgar u optarán por desbordar en radicalismo a ERC acercándose a la CUP? 

Las cautas declaraciones ayer de la diputada Maria Senserrich, diciendo que la decisión de Torrent era «correcta, dadas las circunstancias», inclinan a pensar que el seny acabará dominando. Pero no será fácil. Ni para Esquerra ni para el PDECat. Exige digerir que querer hacer hoy un 1714 ganador no casa ni con el apoyo del 47% de Catalunya ni con la realidad europea. 

En privado lo reconocen. Ante sus electores, a los que vendieron un imposible, es más duro de asumir. ¿Fue ayer el primer paso?

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