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LA CLAVE

Carnaval anticipado en la Ciutadella

Enric Hernàndez

El presidente del Parlament, Roger Torrent, y Esquerra frustran la mascarada de una investidura ilegal y simbólica. La ira ha cambiado de bando

Faltan ocho días para el jueves lardero, que marca el inicio del carnaval. Fiesta pagana y milenaria en la que reina la tolerancia y el desenfreno, en vísperas de la cuaresma. Burla y sátira. Máscaras que ocultan identidades y estrafalarios disfraces. Simulación y fingimiento. Todo vale.

El espíritu del idolatrado rey del carnaval ha sobrevolado este martes el parque de la Ciutadella, sin llegar a posarse en él. No ha llegado el candidato verdadero pero sí miles de independentistas luciendo su careta: 'Todos somos Puigdemont'. ¡Qué golpe de efecto hubiera sido que el líder depuesto, disfrazado de sí mismo, burlase el control policial y se colase en el Parlament! Pero aquí ha escaseado el artificio: el aspirante a la restitución, el que pidió el voto con la promesa de volver, solo ha enviado desde Bruselas un borrador de su discurso. 

Los concentrados en la Ciutadella, convocados a una fiesta de entronación, acaban por oficiar un funeral. Otro más. Pocas sonrisas, también, dentro del Parlament, donde más bien impera una atmósfera belicista. En el viejo arsenal que acoge la Cámara, vestigio de la fortaleza que Felipe V mandó construir tras aplastar Barcelona en 1714, se desatan las hostilidades en el frente de resistencia al 155, bautizado como el nuevo decreto de Nueva Planta. La historia nos llama.

EL NUEVO VILLANO

El presidente del Parlament, Roger Torrent, se calza el disfraz de villano ante parte del independentismo y aplaza la sesión de investidura del presidenciable de Junts per Catalunya. Comparece el republicano con una máscara entre institucional y reivindicativa: su candidato es Puigdemont, no hay otro, pero para amparar sus derechos --tal como él mismo le había solicitado-- pospone el pleno hasta que el Constitucional dicte sentencia.

JxCat y la CUP, paradojas de la vida, censuran por "unilateral" la decisión de Torrent. ERC la apoya. El presidente revela que llamó cinco veces a Puigdemont para anunciársela. Sin éxito. Matiza su entorno que no contestó porque en el móvil ponía "número oculto". Tal cual. En protesta, posconvergentes y 'cupaires' amagan con tomar el hemiciclo. Se desdicen. Puro carnaval. 

Fuera, la ira ha cambiado de bando. Ninguna celebridad tuitea "155 monedas de plata" ni voltea la foto de Torrent. Dos veces sintió Puigdemont en el cogote el aliento amenazante de los suyos: cuando suspendió la independencia sin proclamarla y cuando quiso avanzar las elecciones. Ahora el 'fuego amigo' descarga sobre los republicanos. Tanto, que ni la fragilizada ANC logra evitar que miles de independentistas rompan el cordón de seguridad y se planten ante el Parlament. Aires de revolución... o contrarrevolución.

En verdad, todo era una mascarada de antemano: investir a Puigdemont a título de inventario --gesto tan ilegal y simbólico como la DUI-- para regalarle la vitola de "'president' legítimo"... y elegir a otro. Pero esta vez ERC abrazó el realismo y se la jugó para evitar otra legislatura bufa.

Tras este carnaval llegará el miércoles de ceniza. Y la cuaresma, tiempo de abstinencia y purificación

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