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IDEAS

Acaban de salir, pulquérrimamente compilados por Narcís Garolera, los artículos que Gaziel escribió para el diario madrileño 'El Sol' entre 1925 y 1930. Inspirado por Ortega y Gasset, 'El Sol' es quizá el mejor diario editado nunca en España. La mirada destilada por Gaziel, imprescindible para entender qué ocurría y aún más para comprender qué pasa hoy, ahora y en la Ciutadella.

Según Gaziel, la Lliga era solo fachada, Acció Catalana solo retórica y España, sobre todo Castilla, uno de los lugares más admirables del mundo

Gaziel es un clarividente. En el año 1925, describe al triunfante Mussolini como un imitador escenográfico del káiser Guillermo II y le pronostica un mal final. Un poco más tarde, describe la capacidad transformadora del feminismo, aún naciente, comparándolo con el cristianismo primitivo. Es tan agudo y crítico como el otro gran ampurdanés de su tiempo, Josep Pla, y tan cultivado como él. Seguro que más honesto, de una pieza.

Según Gaziel, la Lliga era solo fachada, Acció Catalana solo retórica y España, sobre todo Castilla, uno de los lugares más admirables del mundo. Siguiendo a Joan Maragall, Gaziel no acabó nunca de saber si podría sentirse tan español como deseaba sin dejar de ser catalán. Si como críticos de los errores del catalanismo ambos se parecen, en vano hilvanaron los estudiosos de Pla una antología de elogios a España o de confianza en España.

En medio del ágora

Pla fue un antiespañol visceral que, tras intentar enfrentarse con ímpetu pero sin éxito a ella, se adaptó a una realidad que consideraba imbatible. Y triunfó. Gaziel rezuma amor por España. De Castilla, venera el cielo, la tierra y la gente. Pero como no dejó de imaginar que con un pacto federal España se convertía en el mejor país del mundo, fue forzado a recluirse en el propio desierto. Allí sigue.

Mientras dilucidamos si el futuro pertenece a los cínicos como Pla, a los que creen en ideales como Gaziel o simplemente a los cretinos enfrentados con los mediocres, podríamos hacernos un favor y situar a Gaziel en el lugar que le corresponde, que es en medio del ágora.

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