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OPINIÓN

Piqué, un ejemplo sin quererlo

Sònia Gelmà

Sergio Gómez se ha dejado seducir ante la falta de definición en la política de promoción de su club, que no para de fichar jugadores

Juega en el club de su vida, acaba de renovar hasta los 35 años y el día que ya no pueda seguir jugando en el Barça, se irá a casa. Pero no siempre fue así. El fútbol llegó a estar por encima del Barça, y en su etapa adolescente, la atractiva apuesta del United por él superó las ansias de jugar en el club del cual es socio desde que nació. Gerard Piqué se marchó, con la esperanza de que la puerta del Barça no se cerrara. Y así fue.

Con 17 años ya debutó con los mayores, pero cuatro años después, cumplido un largo erasmus, la perspectiva de jugar asiduamente en Manchester era remota. Así que habló con Ferguson. Y le pidió que le dejara irse. Le insistió. Y le volvió a insistir hasta que el escocés, sin llegar a calibrar su proyección, cedió. Y Txiki lo recuperó para el Barça por unos 5 millones de euros.

Le salió bien la jugada, porque Gerard Piqué siempre fue un tipo con suerte. Otros, en cambio, no han conseguido regresar. A algunos como a Bellerín o Cesc les ha ido bien, y el de Arenys incluso pudo volver, aunque el precio de su vuelta siempre pesó en la imagen que se tuvo de su rendimiento. Sin quererlo, Piqué es el ejemplo de aquellos que piensan que irse es la vía más fácil de jugar algún día en el Barça.

Amalgama de futbolistas

Piqué se identifica con Sergio Gómez y destaca su valentía, de la misma manera que el joven futbolista le puede tomar como ejemplo. Quizás en otro contexto, Sergio Gómez hubiera seguido la estela de Sergi Roberto, que apostó por quedarse como el camino más recto para cumplir su sueño. Pero el desconcierto propio y la apuesta, económica y deportiva, de clubs como el Borussia Dortmund que tienen un mayor margen de error, hacen comprensible estas fugas.

Sergio Gómez se ha dejado seducir ante la falta de definición en la política de promoción de su club, que no para de fichar jugadores. Algunos contrastados, otros desconocidos; algunos veteranos, otros más jóvenes; algunos que llegan cedidos de equipos de Primera y otros, de clubs brasileños. Y todo para formar una amalgama de futbolistas por momentos incomprensible y con el único gran objetivo de mantener el filial en Segunda División.

El reto del club está en conseguir mantener el atractivo de esos juveniles que ven como casi un imposible no ya jugar en el primer equipo, sino conseguir aprender y equivocarse en el filial. El Barça B prioriza mantenerse en la categoría por encima de sus propias promesas. Quizás un descenso no sería tan mala noticia después de todo.

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