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AL CONTRATAQUE

El exalcalde de Torremolinos Pedro Fernández Montes (derecha), junto a Javier Arenas y Mariano Rajoy, en un acto del PP en la ciudad malagueña en el 2007.

EFE

Ni España ni Catalunya son únicas

Xavier Sardà

Hemos llegado donde hemos llegado por la insensatez contumaz de unos y la demente inacción de los otros durante muchos años

Los huérfanos de madre desde la infancia tienen, por lo visto, una perspectiva especial sobre todo cuanto sucede. Es una obviedad decir que siguen siendo huérfanos para siempre, en su cosmovisión.  Sabe el huérfano desde el principio que ni las madres patrias ni la de Dios podrán nunca sustituir a la titular. De hecho, Josep Pla escribió que lo mínimo exigible a los padres es la durabilidad.

Veamos algunos sentimientos de orfandad política y social: ¿Hay algún catalán no independentista que se sienta huérfano? ¿Hay algún catalán no 'indepe' que se sienta como Oliver Twist cuando ve que al otro lado está Rajoy? ¿Hay algún catalán no soberanista que cuando habla Soraya en plan listilla y recurrente, se sienta un puto Bambi lloroso bajo la nieve? ¿Hay algún catalán que no sea independentista y que se sienta como el expósito Marcelino (Pan y Vino), cuando oye a Francisco Camps? ¿Hay algún catalán no indepe, que se sienta tan huérfano como Harry Potter cuando al otro lado oye hablar al ministro Zoido? ¿Hay algún catalán no 'procesista', que se sienta tan huérfano como Phillip Pirrip de Dickens cuando Rajoy dice que no sabe nada de lo de Valencia

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¿Hay algún catalán no hiperventilado que se sintió más huérfano que Edgar Allan Poe, cuando vio las hostias del 1 de octubre? ¿Hay algún catalán 'sociata' que se sienta más huérfano que Blanca Nieves, cuando el PP se jacta chuleando del 155? ¿Hay algún catalán constitucionalista (o como nos llamen), que no se sienta como Simba, ya huérfano, ante la caverna mediática nacional?

En la tormenta perfecta

El asunto para muchos no 'indepes' es que estamos fuera del juego político de la mayoría parlamentaria catalana, y a menudo también descolocados en su reverso nacionalista español. Y no me vengáis con lo de la equidistancia ni sandeces parecidas. Si acaso, hablemos de cómo dar la cara y de asuntos parecidos. Pero es cierto, y aquí radica la tremenda sensación de orfandad, que nos ha tocado vivir la tormenta perfecta. Hemos llegado donde hemos llegado por la insensatez contumaz de unos y la demente inacción de los otros durante muchos años.

Decir esto es muy poco si uno no imagina alternativas en base a las cuales justificar su melancolía. Lo siento, pero no acepto que Rajoy, el PP, la República no nata y la madre que nos parió, sean la única alternativa argumental posible.  Quiero pensar que con otros políticos todo habría sido distinto. El mismo problema quizá, pero con disposiciones diferentes. Los independentistas dicen que es lo mismo Rajoy que Felipe González, Rodrigo Rato que Ernest Lluch y Zapatero que Aznar, porque el problema es España. Es como si dijéramos que es lo mismo Pujol que Puigdemont y Miquel Roca que Rufián. Ni hay una sola España, ni una sola Catalunya

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